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Del miedo al lujo: cómo el ascensor reinventó las ciudades y nuestras casas

Fuente: BBC Mundo - Tecnología

El ascensor pasó de ser una curiosidad peligrosa a transformar completamente cómo vivimos y construimos. Todo comenzó en 1853 cuando Elisha Graves Otis demostró que su freno de seguridad funcionaba cortando la cuerda que lo sostenía. Desde entonces, los edificios crecieron hacia el cielo, los departamentos de lujo invadieron las azoteas y el ascensor se convirtió en atracción turística en sí mismo.

Las películas de terror nos han hecho creer que los ascensores son lugares de pesadilla donde quedamos atrapados o caemos en pozos oscuros. Pero hay algo que muchos olvidan: sin estos aparatos, las ciudades modernas simplemente no existirían. Todo cambió hace más de 170 años gracias a un inventor que sabía cómo hacer un buen show.

En 1853, en la Exposición de la Industria de Todas las Naciones en Nueva York, Elisha Graves Otis se paró en una plataforma elevada y pidió que cortaran con un hacha la cuerda que lo sostenía. El ascensor se detuvo de repente. Repitió el truco varias veces y la multitud quedó convencida: los ascensores eran seguros. Aquí está el secreto: su freno de seguridad funcionaba. Esto no era magia, era ingeniería práctica. Aunque los ascensores existían desde hace 2.000 años (el arquitecto romano Vitruvio hasta documentó un diseño de Arquímedes), Otis fue quien demostró que podían usarse en la vida cotidiana sin temor.

Cuatro años después, en 1857, se instaló el primer ascensor a vapor para pasajeros en el Edificio EV Haughwout en Broadway. Era tan novedoso que el dueño, Eder Haughwout, sabía que sus clientes entrarían a su tienda solo para montar en el ascensor. El edificio tenía solo cinco pisos, la altura típica antes de Otis. Después de eso, todo cambió. Los arquitectos podían soñar en grande, literalmente hacia arriba.

A lo largo de 150 años, los ascensores dejaron de ser solo cajas funcionales. Se convirtieron en experiencias. Los ascensores que Otis construyó para la Torre Eiffel suben en dos pisos contorneando la estructura de hierro, ofreciendo vistas de París que no verías desde el suelo. En el Empire State Building, necesitas cambiar de ascensor varias veces para llegar a la cima, pero esos viajes son parte del espectáculo. Más recientemente, los ascensores del Burj Khalifa en Dubai alcanzan 60 kilómetros por hora. El Edificio Lloyd's en Londres tiene ascensores de cristal en el exterior que son puntos de atracción turística por sí solos.

Y aquí viene lo práctico: hace poco, la empresa finlandesa Kone presentó cuerdas de fibra de carbono que son más ligeras y fuertes que el acero. Esto significa que pronto podremos construir edificios de más de un kilómetro de altura. Los ascensores dejarán de ser un límite para la arquitectura.

Pero quizás lo más importante es lo que el ascensor hizo con el espacio social. Antes, los pisos altos eran para la servidumbre. Ahora son los departamentos más lujosos, con vistas espectaculares. Cambió dónde queremos vivir. Cambió cómo vemos las ciudades. Y todo porque un inventor decidió cortarse la cuerda y confiar en su invento.

Fuente original: BBC Mundo - Tecnología

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