"De papá pa' acá que vivan los hombres": la devoción de Diomedes Díaz por su padre

Diomedes Díaz dedicó varias de sus canciones más recordadas a su padre Rafael María Díaz Cataño, a quien admiraba profundamente por el esfuerzo que hizo para sacar adelante la familia en el Carrizal. El Cacique de La Junta le cantó en vida, le pidió perdón cuando la vida lo complicó, y siguió recordándolo después de su muerte en 2007. Esas composiciones reflejan el amor genuino de un hijo campesino que nunca olvidó de dónde venía.
Cuando Diomedes Díaz miraba atrás en su vida, siempre veía a Rafael María Díaz Cataño trabajando sin descanso para que él y sus diez hermanos salieran adelante. Como hijo mayor, el compositor guajiro entendía bien los sacrificios de sus padres, en especial los de ese padre campesino que nunca se cansaba de laborar la tierra. Ese amor tan hondo lo llevó a hacer algo que le salía natural: ponerlo en canciones.
En 1981, cuando grabó "A mi papá" junto al acordeonero Nicolás Elías 'Colacho' Mendoza, Diomedes le rindió un homenaje que trascendió lo musical. En la canción decía: "Voy a componé un merengue pa' cantáselo a papá, un hombre que vive allá cerca de la población. Ese que con su sudor me dio el tamaño que tengo, y el hijo le salió bueno y ha sido un ejemplo de él. Y ojalá que puedas ver tu recompensa mi viejo". Los versos hablaban del campesino trabajador, humilde y prudente, que con el tiempo siempre tenía razón. Una noche lo invitó a una presentación en vivo, algo que el viejo Rafa casi nunca hacía porque se sentía más cómodo en su patio, bajo un palo de limón, cuidando sus gallos.
Diomedes no se conformó con una canción. Después le dedicó "Mi muchacho" a su hijo Rafael Santos, donde volvía a recordar al padre que lo crió con esmero. Pero hubo un momento en que la vida lo complicó, y el Cacique de La Junta sintió la necesidad de pedirle perdón. Con el arrepentimiento a flor de piel, grabó "El Perdón" donde le decía a su padre: "A mi papá, que fue el que me crió le pido perdón, porque él debe de estar extrañado y la vieja mía, con tanto esfuerzo que ellos me dieron la educación y hoy me da pena que estén sufriendo por culpa mía". En esa canción explicaba cómo el hombre puede verse enredado en problemas, pero siempre hay forma de salir adelante si se cultiva la semilla de la vida.
Años atrás, en 1976 cuando tenía apenas diecinueve años, Diomedes había participado en el Festival de la Leyenda Vallenata con "Hijo agradecido", canción que lo llevó al tercer lugar. Allí expresaba la imposibilidad de pagar todo lo que sus padres hicieron por él: "En el mundo no hallaron un obsequio material para poder pagar a mi padre y a mi madre". Pero el regalo más valioso llegó cuando su padre le preguntó qué deseaba y respondió con palabras de sabio campesino: "Diome, no quiero nada, solamente anda por el mejor camino cultivando la semilla de la vida, para que coseches los frutos que mereces".
Cuando Rafael María Díaz falleció el 14 de septiembre de 2007 a los 77 años, Diomedes volvió a encontrarse con su memoria a través de la música. Y entonces salió una nueva composición donde cantaba: "Canto y rezo una oración, ay por medio de mi canto, y como es un verso santo lo digo de corazón, quien lo tenga vivo, un abrazo, quien lo tenga muerto, una flor". El Cacique de La Junta nunca dejó de honrar a ese hombre que lo crió sin distancias ni imposibles. Quizás por eso aquella frase suya resonó siempre con verdad: "¡De papá pa' acá que vivan los hombres!".
Fuente original: Guajira News

