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De las uñas en la cuadra al salón propio: la historia de Dany, la samaria que no se rindió

Fuente: Santa Marta Al Día
De las uñas en la cuadra al salón propio: la historia de Dany, la samaria que no se rindió
Imagen: Santa Marta Al Día Ver articulo original

Dany Perdomo comenzó a los 14 años haciendo uñas con esmaltes prestados en su barrio samario. Hoy dirige dos sedes de su centro de belleza con un equipo de hasta 14 empleadas. Su trayectoria de casi nueve años se sostiene en disciplina, trabajo constante y la convicción de que la experiencia del cliente va más allá de un servicio técnico. Su mensaje es claro: el miedo es el enemigo del éxito.

En Santa Marta hay una historia que suena a película de esas que uno ve y piensa: "esto sí es posible". La protagonista es Dany Perdomo, una joven que con un neceser prestado y esmaltes que no eran suyos, empezó a tocar puertas en su barrio cuando apenas tenía 14 años. Hoy lidera un centro de belleza consolidado con dos sedes y un equipo que llega a 14 empleadas en temporada alta. Pero la verdadera riqueza de su historia no está en los números, sino en cómo los construyó.

Dany creció en un barrio popular de Santa Marta, sin herencia ni ahorros que la respaldaran. A los 12 años, escondida, intentó arreglarse las cejas por su cuenta con unas pinzas. No salió bien, pero eso fue una pista del camino que vendría. Dos años después, mientras muchas adolescentes aún exploraban sus opciones, ella ya estaba trabajando. Empezó visitando a sus vecinas, ofreciendo manicure con lo poco que tenía. "Cuando vine a ver, ya no eran tres, eran seis, después doce… y así fui creciendo", cuenta ahora, recordando esos primeros pasos.

Lo que hizo fue simple pero requería lo que ella sí poseía: disciplina. Mientras estudiaba Operación Marítima y Portuaria durante cinco años, trabajaba haciendo uñas, pestañas y servicios a domicilio. Cada peso que ganaba lo reinvertía. Compraba, mejoraba, volvía a empezar. El voz a voz entre clientas la llevó a ser recomendada en distintos sectores de la ciudad, hasta que pasó de atender en las calles a trabajar desde su casa. El sueño de tener un lugar propio parecía lejano, hasta que una vecina le ofreció el mobiliario de un salón que no funcionaba. Dany lo tomó a cuotas y comenzó.

Casi nueve años después, esa inversión inicial se ha convertido en dos sedes activas. Pero lo que más orgullo le genera no es solo el crecimiento del negocio, sino cómo ha construido su equipo. En su centro de belleza trabaja un grupo diverso de jóvenes y mujeres adultas que han encontrado no solo empleo, sino oportunidad de crecer. "Aquí todas nos enseñamos. No es solo que ellas aprendan de mí, yo también aprendo de ellas todos los días", dice con convicción.

La pandemia llegó justo cuando estaba a punto de abrir su local, pero en lugar de frenarla, la transformó. Desde casa, con protocolos y el respaldo de sus clientas, sostuvo el negocio. Las redes sociales fueron clave, y ella trabajó, en sus palabras, "súper juiciosa" para mantener todo en pie. Dany también ha invertido en su propia formación: micropigmentación, estética avanzada y congresos internacionales que ampliaron su visión del negocio.

Su filosofía es clara: "Para mí no es solo belleza, es una experiencia. Que la persona se sienta como en casa". Ese concepto lo transmite a cada integrante de su equipo, a quienes capacita constantemente. Sus dos sedes en Santa Marta ofrecen servicios integrales: pestañas, micropigmentación, maquillaje, peinado, depilación, masajes, faciales y uñas, todo con el mismo enfoque: profesionalismo y calidez.

Cuando mira hacia atrás, Dany no ve suerte. Ve disciplina. "Le diría a esa Dany de hace 10 años que sí se podía. Que aunque no hubiera recursos, ni facilidades, todo valía la pena si seguía trabajando todos los días, sin rendirse", afirma. A quienes hoy sueñan con emprender, su mensaje es directo: "El miedo es el enemigo del éxito. Hay que capacitarse, creer en una misma y empezar". Su historia no es solo la de un salón de belleza en crecimiento. Es la de una mujer que convirtió la disciplina diaria en su mayor herramienta para cambiar su vida, la de su familia y ahora la de otras mujeres que trabajan con ella.

Fuente original: Santa Marta Al Día

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