De la Espriella y Cepeda ganaron sin debatir: ¿qué dice esto de la democracia electoral?

Los dos candidatos que avanzaron a segunda vuelta presidencial, Abelardo de la Espriella (43,74%) e Iván Cepeda (40,90%), se negaron a participar en debates durante la primera vuelta y aun así ganaron. Sus estrategias se enfocaron en redes sociales, entrevistas individuales y actos públicos. Ahora, curiosamente, ambos se desafían a debatir cara a cara antes de la segunda vuelta. Expertos señalan que los debates tradicionales no son decisivos cuando hay polarización extrema y los votantes ya tienen sus posiciones muy definidas.
En la primera vuelta presidencial, algo insólito sucedió: los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta simplemente ignoraron los debates. Abelardo de la Espriella, con más de 10 millones de votos, e Iván Cepeda, con cerca de 9,7 millones, decidieron no comparecer a ninguno de los espacios de confrontación organizados por medios, universidades y gremios. Mientras sus opositores les llovían críticas llamándolos cobardes, ellos seguían ganando votos. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿realmente importan los debates en una campaña presidencial?
Los expertos que analizaron este fenómeno ofrecen pistas sobre lo que está pasando en la política colombiana. Juan David Escobar, profesor de la Universidad Eafit, sostuvo que "los debates son como peleas de gallos, pero por el formato no son espacios para ilustrar sobre las propuestas con profundidad, sino que solo hacen evidentes los errores o las metidas de pata". Según su análisis, "los resultados de la primera vuelta demuestran que la discusión es ideológica y menos programática, y por lo tanto la gente no tiene interés de detalles como si podría darse cuando el espectro está más distribuido". En otras palabras: cuando el país está tan dividido entre izquierda y derecha, los votantes ya saben por quién van a votar sin necesidad de escuchar argumentos programáticos detallados.
El analista Jorge Andrés Rico Zapata fue más directo. Afirmó que los debates "sí son importantes, pero no necesariamente influyentes. En este escenario electoral no hay un choque de argumentos, sino de emociones y utilidad". Explicó que cada candidato jugó una estrategia distinta: De la Espriella se enfocó en construir marca y atraer a sectores que veían útil votar por él para "derrotar el proyecto político de la izquierda", mientras que Cepeda movilizó sus bases sociales con actos masivos. Ninguno necesitaba un debate para consolidar su voto.
Lo curioso es lo que sucedió después. Ya en la antesala de la segunda vuelta, Cepeda retó públicamente a De la Espriella a debatir. "Anuncio a la opinión pública que emplazo a debate político y electoral al candidato Abelardo de la Espriella", escribió en redes sociales. De la Espriella respondió de inmediato con tono burlón: "¿Ahora sí, cobarde?" y propuso un debate cara a cara para el 9 de junio a las 7 de la noche. En un acto público, Cepeda aclaró que "no vamos a ir a ese debate con ayudas. Es entre él y yo, es un duelo".
¿Por qué ambos ven ahora los debates como necesarios si antes los ignoraron? Escobar tiene la respuesta: "cuando son dos candidatos el sentido del debate y el tiempo para hablar es más pertinente que cuando hay que invitar a muchos". Cuando hay cinco o seis candidatos luchando por el micrófono, los debates pierden claridad. Cuando son solo dos, el público puede realmente comparar propuestas y personalidades.
Lo que queda en el aire es una reflexión más profunda. Rico señaló que en la política actual "hay una radicalización de los discursos y de la opinión pública, lo cual significa que se desborda la polarización, la cual es natural en una democracia, pero se llega a radicalizar desde el fervor y el fundamentalismo a favor de un sector, sin reflexionar mucho sobre un mensaje". En ese contexto, los debates tradicionales se vuelven casi irrelevantes. Los votantes ya tienen sus trincheras definidas y acuden a espacios donde se refuerce lo que ya piensan, no donde se cuestione.
Fuente original: El Colombiano - Colombia

