De la cárcel de Escobar a invasor ecológico: la historia de los hipopótamos de Colombia
Los hipopótamos llegaron a Colombia en los años 80 cuando Pablo Escobar importó cuatro ejemplares para su zoológico privado en la Hacienda Nápoles. Tras la muerte del capo en 1993, los animales fueron dejados en libertad porque era imposible capturarlos. Sin depredadores naturales ni sequías que los regularan, su población creció de 4 a más de 200, expandiéndose por el río Magdalena y convirtiéndose en una amenaza ambiental de gran envergadura.
Una de las historias más raras de la historia ambiental colombiana tiene sus raíces en el narcotráfico. En los años 80, cuando Pablo Escobar era el hombre más poderoso de Medellín, decidió importar animales exóticos para su hacienda privada en Puerto Triunfo, Antioquia. La Hacienda Nápoles se convirtió en un zoológico particular donde desfilaban elefantes, jirafas, cebras y rinocerontes. Pero fue la llegada de cuatro hipopótamos, traídos desde un zoológico en Estados Unidos, la que terminaría marcando el futuro ecológico del país.
Cuando Escobar cayó en 1993, el Estado intervino la hacienda e intentó reubicar la mayoría de los animales. Sin embargo, los hipopótamos presentaban un problema casi imposible de resolver: cada uno pesa hasta 4.500 kilos. Capturarlos y transportarlos era técnicamente inviable, así que tomaron una decisión que parecía práctica en ese momento: los dejaron en libertad. Las autoridades pensaban que los animales no sobrevivirían fuera de su hábitat natural, pero se equivocaron completamente.
Lo que nadie anticipó fue que el Magdalena Medio ofrecía condiciones casi paradisíacas para estos enormes mamíferos. Abundante agua, vegetación durante todo el año y, lo más importante, ningún depredador natural. En África, donde viven originalmente, las sequías, enfermedades y otros depredadores mantienen bajo control la población. En Colombia, nada de eso existe. El resultado fue una reproducción sin freno, con una tasa de crecimiento entre 9,6 y 14 por ciento anual. Aquellos cuatro hipopótamos iniciales se convirtieron en 169 para 2022, y actualmente superan los 200.
Con los años, los animales abandonaron la hacienda y comenzaron a moverse río arriba y río abajo usando el Magdalena como autopista natural. Hoy ocupan más de 2.000 kilómetros cuadrados, extendiendo su presencia hasta 150 kilómetros desde donde iniciaron. Durante mucho tiempo fueron vistos como una curiosidad, incluso como atracción turística, pero los científicos empezaron a sonar las alarmas.
Los hipopótamos no son simples curiosidades. Su presencia está alterando ecosistemas completos, presionando especies nativas como el manatí del Caribe, el bocachico y varias tortugas. Además, generan cambios químicos en el agua que la degradan, un proceso que los ambientalistas llaman eutrofización. Lo que Escobar dejó como símbolo de su poder y excentricidad se ha convertido en uno de los desafíos ambientales más complejos que enfrenta el país.
Fuente original: KienyKe - Portada

