De la adversidad a las aulas: el wayuu que logró ingresar a Medicina en Uniguajira

Antonio Uriana Jusayu, joven indígena wayuu de Manaure, acaba de ingresar al programa de Medicina de la Universidad de La Guajira tras superar una infancia marcada por la pérdida de su madre a los siete años y la pobreza. Su determinación y el apoyo de un compañero de estudios fueron clave para que con un puntaje regular en el Icfes lograra acceder a la carrera que soñaba desde el colegio. Su historia refleja cómo la apertura de la Facultad de Ciencias de la Salud busca formar médicos con sentido territorial y humanitario para atender las necesidades del departamento.
Antonio Uriana Jusayu nació en Lümaa, una comunidad indígena en el municipio de Manaure donde el sol quema sin piedad y la vida transcurre en condiciones extremas. Es wayuu, callado, observador. Hoy es estudiante de Medicina en la Universidad de La Guajira, pero su camino para llegar hasta las aulas fue todo menos recto.
Perdió a su madre cuando apenas tenía siete años. Su padre nunca convivió de verdad con él desde la infancia. Quinto de siete hermanos, Antonio aprendió temprano que la vida no espera a nadie. Desde niño trabajó como conductor, ayudante en tiendas, en oficios varios. "Cosas rápidas pero que servían. No era solo por dinero, era por aprender a no depender, solucionar", cuenta con la claridad de quien ha madurado en la lucha.
Vivió con su padre un tiempo, luego con su abuela, después con una tía, finalmente con su hermana mayor de 22 años, quien tuvo que asumir la responsabilidad de cuidar a todos tras la muerte de la madre. Tantas casas, tantas personas diferentes, lo moldearon como alguien reservado, disciplinado, observador. Cursó su bachillerato en el colegio Eusebio Septimio Mari de Manaure. Los primeros años fueron duros. Incluso reprobó un grado cuando la ausencia materna y la necesidad de subsistir le pesaban demasiado.
En octavo llegó el punto de quiebre. "Empecé a pensar las cosas. Llegó la conciencia, el propósito. El estudio dejó de ser una obligación para convertirse en una herramienta de conocimiento", recuerda. Fue en ese momento cuando conoció a un compañero con quien apenas intercambiaban palabras al principio. Pero el tiempo los convirtió en aliados, luego en equipo, finalmente en hermanos. Juntos descubrieron el poder de trabajar colectivo: estudiaban en grupo, compartían cuadernos, se ayudaban cuando faltaban materiales, soñaban en voz alta. Los resultados llegaron rápido: buenos puestos académicos, una competencia sana que los empujaba a mejorar constantemente.
Desde entonces Antonio tenía claro lo que quería: ser médico. Sabía que no tenía recursos, que su situación económica era compleja, pero no permitió que eso sofocara su sueño. Cuando en grado once le hablaron del Programa de Tránsito Inmediato a la Educación Superior (PTIES) y le dijeron que la Universidad de La Guajira abriría el programa de Medicina, entendió que era su oportunidad. Se inscribió, se esforzó, insistió. Su puntaje en el Icfes fue de 208, regular como él mismo lo reconoce, pero eso no fue impedimento. "Yo decía: sí puedo", dice. Y pudo.
Hoy vive en un pequeño apartaestudio en la comunidad de Aujero, en Riohacha, con ese mismo compañero que conoció hace años. Ambos estudian Medicina en Uniguajira. Antonio no es de fiestas ni vida nocturna. Prefiere el silencio, caminar en la playa de Manaure, las caminatas largas, conversaciones tranquilas. Cree que juzgar a las personas por su apariencia es un error. Cuando habla de la universidad, lo hace con orgullo genuino. Agradece al Gobierno Nacional, al Ministerio de Educación y a la Universidad de La Guajira por abrirle las puertas. "Ahora puedo decir con seguridad y propiedad que soy estudiante de Uniguajira", expresa.
El rector de la Universidad de La Guajira, Carlos Arturo Robles Julio, explica que la Facultad de Ciencias de la Salud responde a los mayores problemas que enfrenta el departamento, especialmente en su zona norte y extrema. "Con el conocimiento del territorio que tienen los jóvenes wayuu y su deseo de formarse en una universidad, resulta más fácil abrir caminos hacia una atención en salud con enfoque diferencial y mucho más humana para el cuidado de nuestra gente. Lo que no solo se traduce en proyección social para la institución, sino en el acto valioso de salvar vidas y transformarlas", añade el directivo.
El programa de Medicina en Uniguajira está pensado para formarse con calidad académica y sentido humano, diseñado para responder a las necesidades reales del territorio con un enfoque intercultural que respeta la diversidad étnica y cultural. De los 50 estudiantes de la primera cohorte, 26 son indígenas, 12 de ellos hablantes de lengua wayuunaiki, y 3 son afrodescendientes. La historia de Antonio no es simplemente la de un joven más que entra a la educación superior. Es la de un niño que aprendió a levantarse cuando la adversidad lo derribaba, que confió en sus aliados, insistió y lucho sin rendirse. Pequeño en estatura, pero enorme en visión y propósitos.
Fuente original: Guajira News

