Cúpula progresista en Barcelona propone impuesto a superricos y reforma de la ONU

Más de cien líderes de izquierda de 40 países se reunieron en Barcelona con una agenda común: gravar a los más ricos, regular las plataformas tecnológicas, frenar las guerras y reformar el sistema de Naciones Unidas. Pedro Sánchez clausuró el encuentro con un mensaje de unidad progresista frente al ascenso de la ultraderecha. Presidentes de Colombia, México y Uruguay fueron algunos de los asistentes latinoamericanos destacados.
La sala Salvador Allende en Barcelona fue el escenario de lo que los organizadores quisieron presentar como un punto de inflexión para la izquierda global. Entre el 17 y 18 de abril, más de seis mil asistentes llenaron la Fira de Barcelona mientras sonaba "Power to the People" de John Lennon. El evento, llamado "Global Progressive Mobilisation", reunió a más de cien ponentes de gobiernos, partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales de más de 40 países. Lo que comenzó como un concierto terminó en una maratón de discursos: cinco horas ininterrumpidas donde los líderes de izquierda compartieron su visión común.
Desde el atril, los oradores coincidieron en varios puntos clave para la agenda progresista mundial. Plantearon la necesidad de establecer un impuesto a los superricos, regularizar las grandes plataformas tecnológicas, acelerar la transición hacia energías limpias y reformar el funcionamiento de las Naciones Unidas para darle mayor poder a países más allá de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Pedro Sánchez, anfitrión español de la cumbre, cerró el evento con un mensaje potente: "Han intentado una y otra vez que nos avergoncemos de nuestras ideas y de nuestra historia, pero eso terminó hoy en Barcelona: el 18 de abril de 2026, la vergüenza cambia de bando". Su intervención se enfocó en contraponer la unidad de la izquierda frente a lo que llamó la "internacional ultraderechista".
Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil y coanfitrión del encuentro, fue quien recibió más aplausos de la tarde. El líder brasileño hizo un llamado directo a los cinco países con poder de veto en la ONU: Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia. "Por amor a Dios, cumplan sus obligaciones de garantizar la paz en el mundo, convoquen una reunión y paren con esta locura de guerra, porque el mundo no soporta más", clamó Lula con visible emoción. La guerra en Irán fue un tema recurrente en los discursos, junto con críticas agudas a las políticas de Donald Trump. El senador demócrata Chris Murphy fue directo: describió al presidente estadounidense como "la mayor amenaza a la democracia desde la guerra civil", mientras que el gobernador demócrata de Minnesota, Tim Walz, calificó su decisión de iniciar guerra como "fascismo, hay que llamarlo por su nombre".
La condena a la ofensiva en Gaza también fue central. El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa alertó sobre el "genocidio en lugares como Palestina", una caracterización que fue respaldada por Lula. Mohammad Shtayyeh, exprimer ministro palestino, agradeció públicamente estas palabras "en nombre de los 72.000 inocentes que han perdido la vida" en la ofensiva israelí. Para los presidentes latinoamericanos presentes, entre ellos Gustavo Petro de Colombia y Claudia Sheinbaum de México, el evento permitió mostrar una posición alternativa en la escena global. Sheinbaum aprovechó para anunciar que México impulsará una declaración contra la intervención militar en Cuba, y propuso una iniciativa novedosa: destinar el 10 por ciento del gasto mundial en armamento a reforestación. "En vez de sembrar guerra, sembremos paz y vida", planteó.
Sobre el impuesto a los superricos, el tema generó un particular consenso. El escritor y periodista Owen Jones recordó que el uno por ciento más acaudalado posee la mitad de la riqueza mundial, mientras que 2.500 multimillonarios son dueños del quince por ciento de todo lo que tiene la humanidad. Sánchez fue más allá: llamó "tecno-oligarcas" a los dueños de las redes sociales y advirtió que no permitirá que se enriquezcan "a costa de la salud mental de nuestros jóvenes". La cumbre no pasó desapercibida para sus críticos. Vox, el partido de ultraderecha español, acusó a Sánchez de convertir al país "en la sede de la izquierda radical de todo el mundo" e hizo señalamientos sin pruebas contra líderes como Petro y Sheinbaum. María Corina Machado, opositora venezolana y Nobel de Paz, también expresó su descontento con el evento, lo que había motivado su rechazo previo a reunirse con Sánchez.
El encuentro reflejó una izquierda global que intenta presentarse unida frente a los desafíos económicos mundiales. Con economías tambaleantes por la guerra y una brecha social en expansión, la cúpula propuso una alternativa clara al modelo neoliberal. En palabras de Lula, ese sistema "prometió prosperidad y entregó hambre, miseria y desigualdad". Para 2027, México será la próxima sede de este encuentro progresista global.
Fuente original: France 24 - Europa



