Cuatro años de caos: Los 90 escándalos que marcaron el Gobierno Petro

El diario EL COLOMBIANO documentó 90 escándalos durante el mandato de Gustavo Petro, desde corrupción en la UNGRD hasta ataques a instituciones democráticas. Aunque la arquitectura institucional del país resistió, quedaron cicatrices profundas en la justicia, los órganos de control y la credibilidad estatal. Los colombianos soportaron cuatro años de crisis permanentes que expusieron tanto la fragilidad como la resiliencia de la república.
Colombia ha enfrentado en su historia reciente desafíos brutales: décadas de violencia, carteles de cocaína, control territorial de guerrillas y paramilitares. Pero nunca antes había vivido una sucesión tan vertiginosa de escándalos como la que marcó estos cuatro años de Gobierno. Cuando faltan pocas semanas para que Gustavo Petro deje el poder, el balance es contundente: será recordado menos por ser el primer mandatario de izquierda en la historia que por presidir el Gobierno de los escándalos.
Entre agosto de 2022 y hoy, el país ha vivido en un terremoto permanente. Apenas se cerraba una crisis cuando estallaba la siguiente. A veces dos o tres escándalos explotaban simultáneamente, dejando a los colombianos sin tiempo ni capacidad para procesar lo que ocurría. EL COLOMBIANO hizo el ejercicio de documentar la mayor cantidad de estos episodios: llegó a 90. Probablemente hay más, pero estos noventa son suficientes para entender la magnitud del caos.
El más grave fue el saqueo de la UNGRD en febrero de 2024. La compra de 40 carrotanques por casi 47 mil millones para llevar agua a La Guajira destapó un pozo sin fondo de corrupción que movió cerca de 2 billones de pesos. Los exdirectores Olmedo López y Sneyder Pinilla confesaron que usaron dinero público para pagar coimas: 3 mil millones al presidente del Senado Iván Name y 1 mil millón al presidente de la Cámara Andrés Calle, todo para lubricar las reformas en el Congreso. La Fiscalía capturó a exministros, investigó congresistas y dejó tras las rejas a los responsables directos. Pero el dinero ya se había movido.
La familia presidencial tampoco estuvo ajena a los líos. El hijo mayor del presidente, Nicolás Petro, fue capturado por enriquecimiento ilícito y lavado de activos tras recibir más de 1.000 millones en efectivo de personajes cuestionados. Su exesposa destapó todo con pruebas contundentes. En otro capítulo de desorden, Laura Sarabia, la todopoderosa jefa de gabinete, sometió a un polígrafo a la niñera de su casa sin autorización judicial, un abuso que terminó con ella siendo removida del cargo, aunque después regresó con otro puesto. El coronel Óscar Dávila, que investigaba estos hechos, apareció muerto en su camioneta oficial. Oficialmente fue suicidio, pero el caso dejó un manto de dudas incómodo.
La democracia colombiana resistió, eso es cierto. Las instituciones actuaron como columnas fuertes que evitaron que el edificio se desmoronara. La prensa documentó cada escándalo a pesar de los insultos presidenciales. Los empresarios siguieron trabajando. Los ciudadanos, cansados pero estoicos, continuaron adelante. Pero las cicatrices quedaron. Los órganos de control se vieron abrumados. La justicia no tuvo velocidad para castigar ejemplarmente. Y el mal ejemplo que dio el presidente desde el palacio quedó grabado.
En seguridad, la "Paz Total" fue un fracaso. El ELN nunca firmó realmente el cese al fuego que Petro anunció. Los grupos armados usaron las treguas para reclutar, para duplicar filas, para planear masacres. El secuestro creció 70 por ciento. En cambio, los cultivos de coca rompieron todos los récords históricos con 230 mil hectáreas. Más de 735 líderes sociales fueron asesinados, casi uno cada dos días. El presidente que prometía paz dejó un país más violento.
La economía se estancó. El PIB creció apenas 0,6 por ciento en 2023, la cifra más baja en décadas si no se cuenta la pandemia. La salud colapsó: 127 mil tutelas por falta de medicamentos en el primer semestre de 2024. Un millón de pasajeros quedaron varados cuando se hundieron las aerolíneas de bajo costo por negligencia estatal. La vivienda de interés social cayó 40 por ciento en ventas.
En política exterior, Petro fue impulsivo. Un trino de madrugada lo llevó a enfrentar aranceles de Trump. Otro episodio, marchando con keffiyeh palestino en Nueva York, le costó la visa estadounidense. Rompió relaciones con Israel, criticó a gobiernos democráticos de la región y fue cómplice silencioso con dictaduras.
Lo que EL COLOMBIANO recogió aquí no es opinión: son 90 escándalos documentados. Noventa momentos en los que el Estado falló, mintió, derrochó, persiguió a quién no debía o simplemente no llegó. Noventa testimonios de un cuatrienio que intentó torcer el rumbo de la república y que, sin quererlo, reveló algo importante: que Colombia, herida como está, sigue en pie.
Fuente original: El Colombiano - Colombia

