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Cuarenta y cuatro años sin Énder Alvarado: la música vallenata recuerda a su acordeonero más brillante

Fuente: Diario del Norte

El 17 de mayo de 1982 fue asesinado Énder Alvarado Varela, acordeonero de apenas 27 años que formaba parte de "Los sorprendentes" junto a Toby Murgas. Su muerte, ocurrida en manos de miembros de la Fuerza Pública, truncó una carrera en plena ascensión que dejó dos discos antológicos y una huella imborrable en la música vallenata. Cuatro décadas después, la comunidad musical lo sigue reconociendo como uno de los grandes talentos que perdió el género.

La canción "Voz de acordeones", compuesta por Tomás Darío Gutiérrez en memoria de Octavio Daza, abre con unos versos que duelen: "Una mano cobarde, manchó unos versos con sangre, quitó la vida a un poeta". Esos mismos versos vuelven a resonar cuando pensamos en Énder Alvarado, el joven acordeonero guajiro que fue arrebatado de este mundo hace cuarenta y cuatro años.

El pasado 12 de junio se realizó un conversatorio en Riohacha para recordar la vida y obra de Énder Alvarado Varela, iniciativa de Carlos Díaz a través de la Fundación Sendero de Acordeones. Allí se reunieron amigos de la música, familiares y quienes vivieron de cerca ese momento dorado pero también violento de la música vallenata colombiana. Fue un encuentro para revivir la memoria de quien partió el 17 de mayo de 1982, cuando apenas completaba sus primeros 27 años de vida, víctima de un acto de arbitrariedad perpetrado por miembros de la Fuerza Pública.

Énder dejó un legado musical envuelto en disciplina y talento. Aunque su carrera fue breve, grabó dos trabajos discográficos memorables junto a Toby Murgas bajo el nombre "Los sorprendentes": el primero de 1980 y "Seguimos firmes" en 1981. Esos discos, que nunca llegaron a un tercer LP, contienen letras potentes, voces de calidad y un derroche de acordeón que todavía resuena en las radios y plataformas digitales. En esa época, Énder y Héctor Zuleta protagonizaban una sana competencia como los mejores digitadores del acordeón, renovando con sus interludios el sonido del género.

Su muerte forma parte de una tragedia más amplia que marcó tres décadas de la música vallenata. "El alegre puntero", como se le conocía, fue una de cuatro grandes pérdidas cuyos años terminaban en dos: Freddy Molina, Héctor Zuleta, Énder Alvarado y Rafael Orozco. Cada una de estas muertes dejó un vacío irreparable en el género. Con Freddy se perdió un estilo único que combinaba lo citadino con lo pueblerino. Con Héctor desapareció esa dulce competencia entre jóvenes que se perfilaban como relevo de los grandes. Y con Rafael Orozco, en 1992, el vallenato perdió disciplina, caché y decoro: de esa bala salió herida el alma del género, y las consecuencias se sienten hasta hoy.

Énder había comenzado con su agrupación "Los alegres punteros" y estaba en la cresta de la ola cuando fue asesinado. Sus sueños de ser grande entre los grandes apenas comenzaban a cumplirse, merecidamente, porque nada le había salido regalado. No tuvo la oportunidad de continuar ese proyecto exitoso que ascendía sin fin. La carrera que brillaba fue truncada abruptamente, dejando canciones que aún resuenan en la memoria de quienes lo conocieron.

El conversatorio realizado en Riohacha no fue un evento cualquiera: fue un acto de justicia para quien no merecía morir, para quien tenía tanto más que entregar a la música vallenata y a su familia. Énder Alvarado sigue siendo recordado como el acordeonero más exitoso nacido en la jurisdicción de Riohacha y el norte de La Guajira, alguien cuya vida fue segada demasiado pronto, pero cuya obra permanece viva en cada nota de aquellos discos que grabó en sus breves pero luminosos veintiséis años de existencia.

Fuente original: Diario del Norte

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