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Cuando la identidad se convierte en justificación: el debate sobre los therians llega a las calles

Fuente: KienyKe - Portada

El fenómeno de los therians, personas que se identifican psicológica o espiritualmente con especies no humanas, saltó de los foros de internet a la vida cotidiana. El problema no es la identidad en sí, sino cuando se usa para justificar conductas agresivas hacia otras personas. El debate cambió de ser cultural a ser un asunto de responsabilidad legal y social.

Lo que antes era conversación de foros especializados en internet hoy ocurre en las calles, en los buses, en espacios donde convivimos todos. El fenómeno therian, donde personas afirman identificarse psicológica o espiritualmente con una especie animal, dejó de ser marginal para instalarse en la conversación pública. Y con esa visibilidad llegó el conflicto.

Durante años, estas comunidades funcionaron en espacios digitales contenidos, alejados de la vista del común. Pero las redes sociales cambiaron las reglas del juego, amplificando voces y normalizando comportamientos que antes permanecían en la sombra. Ahora, cuando aparecen casos de personas que muerden a un niño o atacan a otros bajo la justificación de que "actúan como animal", la conversación deja de ser sobre diversidad y se convierte en algo mucho más urgente: es sobre seguridad y responsabilidad.

Aquí es donde la cosa se torna seria. El verdadero punto de quiebre no es lo que alguien sienta o crea internamente, sino lo que hace con eso. Las sociedades democráticas protegen la libertad de expresión y de identidad, pero establecen una línea que no se negocia: nada, absolutamente nada, justifica la violencia hacia otros. No existe marco cultural, psicológico ni espiritual que habilite el daño. Cuando ese daño ocurre, no cabe la confusión ni la indiferencia.

Y aquí viene el riesgo mayor, el que debería preocuparnos a todos. Existe una tendencia peligrosa a confundir empatía con permisividad. Entender un fenómeno, tratar de comprenderlo, no significa suspender las normas básicas de convivencia. Cuando instituciones se quedan en silencio o actúan con tibieza frente a estos casos, el problema no desaparece: simplemente se desplaza hacia las víctimas, hacia quienes resultan lastimados.

El auge de estas narrativas también expone algo más profundo sobre nuestro tiempo. Vivimos en redes que premian lo extremo, donde cualquier cosa se viraliza sin contexto, donde poner un límite es interpretado automáticamente como censura. Pero establecer un límite no es negar la identidad de nadie. Es un acto de protección hacia los demás.

Entonces, la pregunta que deberíamos hacer no es si creer o no creer en los therians. Eso es distraerse. La verdadera pregunta es otra: ¿qué ocurre cuando alguien usa su identidad para justificar conductas que vulneran a terceros? Y la respuesta es clara, sin matices: la identidad de cada uno termina exactamente donde empieza el daño a los demás. Ese límite no es ideológico, no es cultural. Es social, es legal, y es profundamente humano.

Fuente original: KienyKe - Portada

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