Crece la sospecha sobre anomalías electorales en territorios donde operan grupos armados

Tras la segunda vuelta presidencial, analistas y políticos de oposición señalan patrones atípicos en los resultados de Iván Cepeda en zonas controladas por disidencias y otros grupos ilegales. El candidato de izquierda multiplicó sus votos en municipios donde previamente se denunciaron presiones para votar por él, y hay casos donde sacó el 100 por ciento de la votación sin votos en blanco ni nulos. Expertos vinculan estos aumentos anormales con lo que denominan "voto fusil" en territorios de conflicto.
Antes de que cerraran las urnas el domingo, ya había denuncias de presión. Grupos armados reunían campesinos y les indicaban por quién votar. En Caquetá desplazaron a una familia completa porque uno de sus miembros escribió en redes sociales apoyo a Abelardo de la Espriella. Los mensajes de WhatsApp eran claros: "Se reitera la prohibición de hacer proselitismo político o campaña política a favor de la ultraderecha de este país. Quien lo haga deberá hacer sus descargos ante nuestra organización guerrillera". Esas advertencias llegaron a campesinos de Angostura, Campamento y otros municipios del norte de Antioquia días antes de la votación.
Los números que hoy se analizan resultan inquietantes para críticos de Iván Cepeda. En Tumaco, Nariño, el candidato de izquierda saltó de 41.334 votos en la primera vuelta a 76.219 en la segunda, un aumento del 84,4 por ciento en apenas dos semanas. El senador electo Andrés Forero, del Centro Democrático, pidió que se investigue lo sucedido en esa ciudad. Los números se repiten en otros territorios: en Campamento multiplicó su votación por cinco, en Angostura la triplicó, en Anorí prácticamente la triplicó también. En Barbacoas pasó de 6.204 a 13.026 votos. En Manaure subió de 7.997 a 16.175.
Lo más inquietante aparece en municipios de Cauca y Nariño donde Cepeda obtuvo el 100 por ciento de la votación. En corregimientos como Caquiona, El Tablón, Gonzalo, El Hato y Marmato, algunos de los casos mencionados por la senadora María Fernanda Cabal, no hubo un solo voto en blanco, nulo ni para su contrincante. Los expertos sostienen que esto es estadísticamente casi imposible en un puesto de votación. A eso se suman municipios como Timbiquí con 97,14 por ciento, Jambaló con 96,64 por ciento y Guapi con 93,22 por ciento de votos para el candidato de izquierda.
Cuando se mapean estos crecimientos, aparecen territorios donde operan disidencias, el ELN y otras estructuras criminales. Según análisis de la Fundación Paz & Reconciliación, Cepeda sacó 47,5 por ciento en zonas sin presencia de grupos armados, pero subió a 50,2 por ciento en municipios con influencia ilegal. Michael Weintraub, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas, encontró que en municipios bajo control del Estado Mayor Central, la principal disidencia de las FARC, Cepeda alcanzó el 60 por ciento. En territorios del Frente Gentil Duarte llegó al 54,3 por ciento, y donde hay presencia del ELN, al 52,5 por ciento.
Los departamentos donde más creció la participación electoral entre la primera y segunda vuelta son precisamente aquellos plagados de grupos armados. En Putumayo la participación saltó de 51,05 a 64,50 por ciento, el aumento más alto del país. En Nariño pasó de 57,2 a 70,05 por ciento, y en Chocó de 40,7 a 52,6 por ciento. En Caquetá, donde se han denunciado carnetización forzada y otras presiones contra la población, la participación subió más de 11 puntos. El senador Forero señala que mientras la participación nacional creció de 57,88 a 63,60 por ciento, en departamentos con gran presencia de grupos armados esa diferencia fue del doble, lo que según él apunta a un "voto fusil".
Un análisis de 44 municipios en Chocó, Cauca y Valle del Cauca reveló que en 43 de ellos Cepeda superó el 80 por ciento de los votos válidos. Solo en esos puntos sumó 490.726 votos. En Cauca esto ocurrió en 24 de 42 municipios; en Chocó, en 19 de 31.
Cepeda ha denunciado ante la Fiscalía las supuestas presiones electorales y ha rechazado cualquier complicidad. Lo cierto es que, aunque estos números no prueban fraude, resulta difícil ignorar que justamente donde hubo alertas previas sobre coerción electoral, el candidato de izquierda mostró algunos de sus crecimientos más fuertes y obtuvo sus cifras más contundentes.
Fuente original: El Colombiano - Colombia

