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Conflicto en Medio Oriente amenaza con recesión global al desaparecer 10 millones de barriles diarios

Fuente: Portafolio - Economía
Conflicto en Medio Oriente amenaza con recesión global al desaparecer 10 millones de barriles diarios
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La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha sacado del mercado cerca del 10% del petróleo mundial, principalmente por el cierre del estrecho de Ormuz. Aunque los precios han subido y se liberan reservas estratégicas, el mercado sigue enfrentando un faltante de crudo que podría crecer significativamente si el conflicto se prolonga. Los expertos advierten que la economía global podría crecer apenas 1,4% este año si la crisis energética se agudiza, especialmente por la escasez de diésel que afecta el transporte de mercancías y la producción agrícola.

El conflicto en Medio Oriente está provocando uno de los choques energéticos más severos de los últimos años. Según un análisis de Oxford Economics, aproximadamente 10 millones de barriles diarios han desaparecido del mercado global de petróleo, una cifra que representa alrededor del 10% del suministro mundial. El culpable principal: el cierre del estrecho de Ormuz, una ruta crítica por donde pasa gran parte del petróleo que mueve al mundo. Aunque Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han intentado redirigir algo de su producción para compensar, la magnitud del problema supera cualquier respuesta rápida del mercado.

Para entenderlo en términos simples: cuando falta petróleo, los precios suben. Y cuando suben mucho, la gente y las empresas consumen un poco menos. Oxford Economics estima que el encarecimiento del crudo ya ha destruido aproximadamente 2,4 millones de barriles diarios de consumo por este mecanismo. Sin embargo, hay un problema. Los sectores esenciales, como el transporte de alimentos y la industria, no pueden simplemente dejar de usar combustible solo porque esté caro. Necesitan moverse. Por eso la demanda de petróleo es lo que los economistas llaman "poco sensible a los precios" en el corto plazo, lo que significa que las empresas siguen comprando aunque pague más.

Entonces, ¿de dónde sale el petróleo que falta? Aquí entra el segundo mecanismo de ajuste: los inventarios y las reservas estratégicas. La Agencia Internacional de Energía ha coordinado la liberación de 400 millones de barriles, el mayor volumen de su historia. Los países también han sacado petróleo de sus depósitos comerciales para mantener el suministro funcionando. Pero aquí viene lo preocupante: estas reservas no son infinitas. Oxford Economics calcula que los inventarios y reservas aportan entre 2 y 3 millones de barriles diarios, una cantidad insuficiente frente al déficit total. Además, la mayoría de esas reservas es crudo sin refinar, no combustibles terminados como el diésel, lo que agrava la escasez de los productos que realmente necesita la economía.

El análisis proyecta un faltante cercano a 2 millones de barriles diarios en el corto plazo. Pero si la guerra en Medio Oriente se prolonga, la brecha podría crecer dramáticamente. En un escenario de conflicto prolongado, el déficit podría alcanzar hasta 13 millones de barriles diarios en seis meses, lo que representaría cerca del 12% del consumo global. Esto llevaría a racionamientos generalizados, especialmente en países en desarrollo, y provocaría un impacto severo en la actividad económica mundial. De hecho, los expertos advierten que el crecimiento económico global podría desacelerarse a apenas 1,4% en 2026, lo que elevaría significativamente el riesgo de recesión.

El punto más crítico es el diésel. Este combustible es la sangre de la economía real porque mueve los camiones que transportan comida, los tractores que siembran y cosechan, y las máquinas que producen casi todo. Cuando escasea el diésel, los costos logísticos se disparan y el precio de los alimentos sube. Ya algunos países en Asia y África han empezado a aplicar restricciones al consumo y semanas laborales más cortas para enfrentar la falta de combustible. En otras palabras, el problema está pasando del precio al acceso: cuando no hay suficiente, habrá que racionar.

El gas natural, por su parte, muestra una dinámica más favorable. Aunque la interrupción del gas licuado desde Medio Oriente es relevante, representa una proporción menor del consumo global y puede ser compensada mediante sustitución en la generación de electricidad. El verdadero riesgo sigue siendo el petróleo, donde la combinación de oferta restringida, demanda que no baja fácilmente y reservas que se agotan crea un escenario frágil. La evolución del conflicto será determinante: si continúa, el impacto podría escalar hacia una crisis económica global.

Fuente original: Portafolio - Economía

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