Con semillas de cambio: donan materiales para huertas que enseñan a cultivar en las islas
La Secretaría de Agricultura y Pesca entregó materiales agroecológicos a huertas comunitarias y escolares del Archipiélago para que niños y niñas aprendan a producir sus propios alimentos y adopten hábitos saludables. Hace más de tres años se desarrolla este programa en centros educativos e instituciones comunitarias, con donaciones de agricultores locales que ya benefician barrios como Obrero, Morris Landing, Santana y San Luis. La iniciativa busca fortalecer la soberanía alimentaria y el sentido de pertenencia con la tierra en las nuevas generaciones isleñas.
En el Archipiélago hay una apuesta que va más allá de llenar canastas de comida. Se trata de sembrar en los niños y niñas la pasión por cultivar lo propio, por entender de dónde viene lo que llega a la mesa. Por eso la Secretaría de Agricultura y Pesca ha estado entregando materiales agroecológicos a diferentes huertas comunitarias y escolares, con la idea de que los más pequeños aprendan a sembrar sus propios alimentos y desarrollen hábitos de alimentación sana mientras se sienten parte de la comunidad isleña.
Este no es un proyecto que naciera ayer. Hace más de tres años, colegios, organizaciones y hogares comunitarios vienen trabajando en la formación agroalimentaria de los menores, usando espacios como los centros de desarrollo infantil (CDI) y las huertas para enseñarles a amar la tierra. El programa se desarrolla bajo una estrategia que integra siete componentes diferentes, todos pensados para que los estudiantes y la comunidad aprendan desde la práctica, fortaleciendo la idea de que todos podemos alimentarnos de forma sana y sostenible.
Ahora la cosa avanzó un paso más. Agricultores locales donaron materiales agroecológicos que permitirán iniciar procesos de siembra en barrios como Obrero, Morris Landing, Santana y en el sector de San Luis. Esos insumos van a permitir que las huertas comunitarias produzcan más alimentos propios y formen desde la infancia el hábito de una vida más saludable. Lo importante, según quienes impulsan la iniciativa, es que los niños participen activamente. A través de estas actividades, los menores descubren qué se siembra en la isla y desarrollan un sentido de pertenencia hacia la tierra y sus productos.
Clara Lizeth Vargas Sánchez, ingeniera agrónoma de la Secretaría de Agricultura y Pesca y coordinadora del programa de Soberanía Alimentaria, explicó que "desde hace cuatro años venimos trabajando desde las instituciones educativas, y organizaciones, a través de los CDI, aprovechando plenamente esos espacios; y también en diferentes sectores en la isla con huertas comunitarias con los menores, donde les enseñamos a empezar a amar la tierra y a cultivar sus propios alimentos. Estamos realizando el programa en diferentes sectores, y estamos buscando otros nuevos para que empiecen a ver esos espacios, así sean muy pequeños, en los que puedan sembrar sus propios alimentos".
Desde los hogares comunitarios también cerraron filas con esta iniciativa. María Iluminada Guerrero, líder del hogar comunitario Barquito de Papel en Morris Landing, comentó con entusiasmo que "para mí es una satisfacción muy grande pertenecer, por primera vez, a una huerta casera; porque sé que voy a aprender mucho y porque van a ser muchos productos naturales que nos van proveer nuestra alimentación; y más que todo es fundamental para mis niños, porque ellos van a aprender y van a replicar esa información a sus papitos". En su huerta planea cultivar tomate, plátano, orégano, pimentón, limón y hierbas aromáticas. Guerrero también se está preparando para participar en la primera Feria Agroeducativa que se desarrollará en San Andrés durante octubre.
Con estas acciones, la Gobernación Departamental busca fortalecer la soberanía alimentaria en el archipiélago y asegurar que las nuevas generaciones crezcan valorando la tierra, la producción local y la identidad cultural de las islas. Se trata de sembrar no solo plantas, sino el compromiso de una comunidad entera con alimentarse bien y reconocerse en lo que cultiva.
Fuente original: El Isleño