Comunidad retiene a trabajador de Afinia tras cuatro días sin luz en Pinto

En Santa Bárbara de Pinto, Magdalena, vecinos de los barrios Media Luna y Villa Naty encadenaron a un operario de Afinia para exigir solución a un apagón de cuatro días. El problema comenzó cuando se quemó el transformador principal que dejó sin energía a cerca de 80 familias. Las autoridades locales intentaron comunicarse con la empresa sin respuesta, y aunque había promesa de reparación, nunca llegó. Los líderes advierten que no soltarán al trabajador hasta que instalen el nuevo equipo.
La paciencia se agotó en Santa Bárbara de Pinto. Cuatro días sin un bombillo encendido, sin refrigerador funcionando, sin poder dormir en paz por el calor de Magdalena, fueron suficientes para que los vecinos de Media Luna y Villa Naty tomaran una medida desesperada: retener a un operario de Afinia en las calles hasta que la empresa atienda su emergencia.
Todo comenzó cuando el transformador principal del sector se quemó, dejando a oscuras a aproximadamente 80 familias. Una cuadrilla de Afinia llegó, revisó, reportó el daño y se fue. Eso fue hace días. Desde entonces, silencio desde las oficinas de la empresa. Tomás Flores, presidente de la Junta de Acción Comunal, lo explica sin rodeos: hicieron reportes, intentaron que el alcalde y el secretario de Gobierno contactaran al gerente por teléfono, pero la compañía nunca respondió.
El miércoles llegó con una promesa incumplida. "Ayer les habían prometido que el nuevo transformador llegaría en la mañana, pero este miércoles no apareció nadie", relata el panorama que enfrentaba la comunidad. Fue entonces cuando decidieron actuar.
Cuando un trabajador de Afinia llegó al sector, lo interceptaron. Flores fue claro al respecto: "Tomamos la decisión de retener al funcionario. Aquí lo vamos a tener tres días, una semana o lo que sea, hasta que Afinia dé la cara y solucione". Reconocen que el empleado no tiene culpa de la negligencia corporativa, pero es el puente que tienen para presionar a la empresa.
William Jiménez, ganadero del sector, mostró la otra cara de esta crisis: niños de brazos y adultos mayores sufriendo en sus casas por el encierro forzado y un calor que no cesa. No es solo un inconveniente; es un asunto de salud pública que la empresa parece ignorar.
Fuente original: Seguimiento

