ÚltimasNoticias Colombia

Colombia

Colombia importa su alimento mientras habla de soberanía: el verdadero problema es la productividad

Fuente: Periódico La Guajira

Colombia importa entre 12 y 13 millones de toneladas anuales de granos y oleaginosas pese a contar con millones de hectáreas aptas para la agricultura. El país produce apenas el 20 por ciento del maíz que consume, importa más del 95 por ciento del trigo y casi toda la soya. El debate público se enfoca en la distribución de tierras, pero el verdadero cuello de botella es la falta de infraestructura productiva: riego, vías, crédito y tecnología.

En los puertos colombianos descargan constantemente barcos llenos de maíz, trigo y soya. Es una estampa que resume la contradicción más profunda del país: millones de hectáreas con vocación agrícola pero una dependencia cada vez mayor del exterior para alimentarse. La política habla de soberanía alimentaria. Las cifras cuentan una historia completamente diferente.

Al cierre de 2025 Colombia importó entre 12 y 13 millones de toneladas de granos y oleaginosas, los insumos esenciales tanto para que los colombianos coman como para que el ganado se alimente. La realidad es brutal: el país produce apenas cerca del 20 por ciento del maíz que consume, lo que significa que el 80 por ciento llega del exterior. Con el trigo la situación es aún más crítica. Más del 95 por ciento del trigo que se consume aquí viene importado. En soya y sus derivados, fundamentales para fabricar los alimentos balanceados que comen las gallinas, los cerdos y las vacas, la producción nacional es prácticamente inexistente. Así que buena parte de la proteína que produce Colombia, toda esa carne y leche que llega a las mesas, en realidad depende de granos que vienen en barcos desde otros países.

La pregunta que surge es inevitable: ¿Cómo se puede hablar de soberanía alimentaria cuando lo que sostiene la producción de alimentos viene de afuera? El debate público colombiano ha cometido un error fundamental. Cuando se habla del atraso del campo, casi siempre se responsabiliza a la distribución de la tierra. Pero ese no es el verdadero problema. Colombia tiene tierra. Lo que le falta es productividad.

Durante décadas el país descuidó los elementos básicos que determinan cuánto produce una hectárea: sistemas de riego y drenaje, vías terciarias que conecten el campo, acceso al crédito, infraestructura para comercializar lo que se produce y tecnología. Sin resolver estos factores, ninguna política rural funcionará. Entregar tierra a un campesino sin riego, sin vías, sin crédito, sin asesoría técnica y sin acceso a mercados no lo convierte en un productor competitivo. Generalmente lo deja atrapado en una economía de supervivencia, apenas capaz de vivir pero sin posibilidad de salir de la pobreza. Peor aún, una política de tierra sin productividad puede convertirse en una carga económica insostenible para pequeños productores que no tienen la capacidad de sostenerla.

La verdadera discusión que Colombia debe tener no es ideológica. Es productiva. Porque la soberanía alimentaria no se proclama en discursos bonitos ni se decreta en reformas. Se construye haciendo que la tierra produzca. Colombia tiene tierra, tiene gente que quiere trabajarla y tiene vocación agrícola. Lo que nunca tuvo fue una política consistente de productividad rural. Por eso hoy importa la mayor parte del maíz que consume, prácticamente todo el trigo que transforma y la soya que alimenta su producción pecuaria. Mientras siga siendo así, la soberanía alimentaria seguirá siendo solo una palabra bonita en los discursos políticos.

Fuente original: Periódico La Guajira

Noticias relacionadas