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Colombia en encrucijada: por qué el país necesita un giro firme en seguridad y economía

Fuente: Minuto30

El artículo de opinión argumenta que Colombia enfrenta una elección decisiva entre continuar con la administración actual o revertir el deterioro del país. Plantea tres pilares principales: recuperar la seguridad frente al crecimiento de grupos armados, restaurar la responsabilidad fiscal tras la rebaja de calificación crediticia, e impulsar la decencia institucional. El texto sostiene que estas prioridades requieren un cambio de rumbo claro y técnico.

Colombia se juega mucho en esta elección. No se trata solo de elegir entre programas similares, sino de decidir entre seguir administrando un deterioro o apostarle a revertirlo. Cuando se observan las cifras sin sesgos, la conclusión es clara: el país necesita un cambio de dirección firme y basado en criterios técnicos.

La seguridad es el primer problema que debe resolver cualquier gobierno. Un país no prospera cuando sus ciudadanos viven con miedo. Mientras la política de "Paz Total" permitió que los grupos armados crecieran cerca de un 45 por ciento desde 2022 para sumar aproximadamente 25.000 integrantes, la necesidad es otra: confrontar directamente las estructuras criminales, recuperar el control territorial y atacar frontalmente los cultivos ilícitos que financian esa violencia. Colombia registra un récord histórico de 261.000 hectáreas de producción de drogas. No se trata de belicismo, sino de restaurar la autoridad del Estado donde hoy mandan los criminales. Quien genuinamente quiere paz debe garantizar primero que el Estado, y no el crimen, controle los territorios.

La responsabilidad económica es el segundo pilar. Cuando una agencia calificadora como Fitch rebaja la clasificación crediticia del país a BB en diciembre de 2025 por déficits que no ceden y deuda en aumento, eso no es un tecnicismo abstracto: encarece el crédito para todos, para el Gobierno y para las familias colombianas. Frente a un Estado que gasta sin control, se necesita austeridad real: reducir la burocracia, eliminar duplicidades administrativas y aliviar la carga impositiva para reactivar la inversión privada.

El tercer argumento toca la decencia institucional. El país ha visto exministros en la cárcel por orden de jueces, fallos de la Corte Constitucional bloqueando decretos presidenciales, y un ejercicio del poder que confunde gobernar con simplemente mandar. Los colombianos están agotados de ver la política como un botín personal. La lucha frontal contra la corrupción y el respeto genuino a la separación de poderes deben ser ejes centrales.

Algunos dirán que una propuesta así es confrontacional o promete demasiado. Es una crítica válida. Pero cuando hay que elegir entre un discurso amable que nos ha traído hasta este punto crítico y una firmeza incómoda que promete sacarnos de él, la prudencia aconseja apostar por lo segundo. Una casa incendiada no se reconstruye con buenos modales; se reconstruye con decisión, método y trabajo constante.

Hay también un factor estratégico que importa. El voto del cambio solo tiene fuerza si no se dispersa. Cada sufragio fragmentado entre opciones parecidas termina favoreciendo el continuismo. Quien de verdad quiere un rumbo distinto debe entender que concentrar el apoyo alrededor del candidato más competitivo no es resignación: es inteligencia política.

No se trata de votar por costumbre ni de seguir a nadie con los ojos cerrados. Se trata de ver la realidad: la seguridad desbordada, las cuentas públicas quebradas, la institucionalidad deteriorada. Y luego preguntarse quién ofrece la ruta más clara para repararlo. Colombia no necesita más experimentos; necesita un timón firme.

Fuente original: Minuto30

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