Colombia debe reinventar su educación superior para una población que envejece y mercados laborales en transformación

La Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Superior presentó un plan para modernizar la formación universitaria del país. El sistema actual está diseñado principalmente para jóvenes, pero Colombia envejece y el mercado laboral cambia aceleradamente. La propuesta busca crear modelos más flexibles que permitan a personas de todas las edades estudiar, actualizarse y cambiar de carrera a lo largo de toda la vida.
Colombia tiene un problema que pocos ven venir: su sistema de educación superior fue diseñado para una población joven que ya no existe. La Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Superior, conocida como Aciet, acaba de presentar una propuesta que traduce una realidad económica incómoda: el país envejece, el trabajo cambió para siempre, y las universidades no están preparadas para ninguna de estas dos cosas.
El dilema es más tangible de lo que parece. Hace treinta años, la educación superior colombiana podía concentrarse en los jóvenes recién salidos del colegio. Hoy, con personas trabajando más años de sus vidas, cambiando de profesión varias veces y enfrentándose a tecnologías que no existían cuando se graduaron, ese modelo se colapsa. "La educación superior debe consolidarse como un motor del desarrollo social, económico y territorial del país", dijo Lorenzo Portocarrero, director ejecutivo de Aciet, al presentar la propuesta. Pero para lograrlo, añadió, es necesario un sistema que responda a las necesidades del siglo XXI.
El plan de Aciet plantea algo aparentemente simple pero revolucionario para Colombia: permitir que la educación sea un proceso de toda la vida, no solo una inversión que haces entre los 18 y los 25 años. Esto significa universidades que ofrezcan programas cortos de actualización, carreras que se puedan hacer a tiempo parcial, y caminos educativos que se adapten a personas en diferentes etapas de sus vidas profesionales. Un trabajador de 45 años que necesite aprender nuevas habilidades porque su industria desapareció no debería tener que competir en el mismo aula con un adolescente recién graduado.
Pero hay otro factor que acelera esta urgencia: la tecnología. La inteligencia artificial y otros avances están eliminando empleos y creando otros a una velocidad que hace que el conocimiento de hace cinco años sea obsoleto. Las universidades actuales no están equipadas para responder a esa velocidad de cambio. Aciet advierte que si el sistema educativo no se reinventa, las brechas de acceso y oportunidad se ampliarán aún más, especialmente para trabajadores adultos que necesitan reconvertirse.
La propuesta también enfatiza algo crucial: la educación superior no puede vivir en el aislamiento. Según Portocarrero, es fundamental crear "un sistema integrado, que combine lo público y lo privado, fortalezca la innovación y responda a las necesidades del siglo XXI". Esto significa que universidades, empresas y gobiernos locales deben trabajar juntos, no cada uno por su lado. Una empresa que necesita ciertos perfiles profesionales debería tener voz en qué enseña la universidad. Los gobiernos locales deberían poder solicitar programas académicos alineados con sus industrias regionales.
En esencia, Aciet está diciendo algo que las cifras económicas ya susurran: la educación colombiana sigue operando con el manual de los años noventa, mientras que la economía global juega un juego completamente diferente. El país que logre adaptarse primero tendrá trabajadores más competitivos. El que no, seguirá quedándose atrás, incluso si teóricamente tiene más universidades.
Fuente original: Portafolio - Economía