Colombia creció apenas 2,6% en 2025: menos de lo esperado y con una inversión en crisis

La economía colombiana cerró 2025 con un crecimiento de 2,6%, por debajo de las expectativas de analistas que anticipaban 2,8% o 2,9%. El PIB sumó 1.853,9 billones de pesos, pero el dato esconde un problema grave: la inversión se desplomó a su nivel más bajo en dos décadas, representando solo el 16% del PIB. El crecimiento se sostuvo principalmente en el consumo de hogares y gasto del Estado, no en lo que realmente dinamiza la economía a largo plazo.
Los números que acaba de entregar el Dane sobre el desempeño económico colombiano durante 2025 cayeron como un balde de agua fría en el sector privado. Mientras los analistas esperaban un crecimiento cercano al 2,8% o 2,9%, la economía apenas creció 2,6%. En cifras absolutas, esto significa que el PIB llegó a 1.853,9 billones de pesos, superior a los 1.713,3 billones de 2024, pero el ritmo de expansión quedó corto frente a los pronósticos.
Lo preocupante no está en el número global sino en lo que revelaba debajo de él. Durante el último trimestre del año, la economía creció 2,3%, es decir, más lentamente que el promedio anual. Peor aún, la inversión en ese período cayó 2,9%, y se ubicó en su punto más débil como porcentaje del PIB en los últimos veinte años: apenas el 16%. Luis Fernando Mejía, CEO de Lumen Economic Intelligence, fue directo en su diagnóstico: "si el país no logra elevar su tasa de inversión por encima del 20% del PIB, seguirá atrapado en una senda de crecimiento inferior al 3% anual, un ritmo insuficiente para cerrar brechas sociales y sostener un proceso robusto de desarrollo económico".
El presidente Gustavo Petro reconoció el problema en redes sociales. Aceptó que "hasta ahora la economía crece por el aumento del consumo de los hogares y del Estado" pero advirtió que "la inversión no aumenta". Petro atribuyó esto principalmente a las tasas de interés reales altas, que desalientan tanto la construcción de vivienda como el resto de inversiones productivas. Lo cierto es que el sector de la construcción se ha convertido en un síntoma de la enfermedad económica del país. El PIB de edificaciones cayó 7,5%, completando más de dos años y medio en números negativos.
Camacol, el gremio de los constructores, fue más contundente en sus críticas. Señaló que el crecimiento económico se basó principalmente en el consumo que creció 4,2%, el gasto público que aumentó 7,1% y las importaciones que subieron 8,4%. "No es la inversión la que está liderando la economía", enfatizó. La agremiación subrayó que inversión avanzó apenas 1,3% en el año, cuando debería ser el verdadero motor. El gremio que lidera Guillermo Herrera fue claro: "El empleo aumenta, sí, pero en buena parte desde la informalidad y con baja productividad. La economía necesita encender el otro motor: reactivar la inversión privada con estabilidad y reglas claras".
Andrés Langebaek, exvicepresidente de Anif, ratificó la crisis de inversión. Señaló que en 2025 la inversión como porcentaje del PIB se ubicó en su nivel más bajo de los últimos cuatro años, 16,6%, y mucho más abajo del promedio de los últimos veinte años. Las inversiones específicas en vivienda cayeron 2,6%, en edificios y estructuras se redujeron 1,6%, y en maquinaria y equipo apenas crecieron 0,5%.
El panorama se complica cuando se analiza la inversión extranjera directa. Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, alertó que en 2025 esta retrocedió 14,1%, continuando una tendencia negativa que ya se había visto en 2024. Más alarmante aún fue que la inversión diferente a petróleo y minería se desplomó 27,3%. Cabal diagnosticó el problema: "El freno de la inversión empresarial se explica principalmente por la creciente incertidumbre generada por una errática política económica y por la rampante inseguridad jurídica. El cambio permanente en las reglas de juego no permite tomar decisiones de inversión con alguna certeza".
Mientras tanto, el aumento del salario mínimo en 23% para 2026 genera un efecto ambiguo. Por un lado, beneficiará el poder de compra de más de tres millones de personas que ganan salario mínimo, lo que impulsará el consumo. Pero por el otro, las empresas responderán con aumentos de precios en sectores intensivos en mano de obra, como el mantenimiento de conjuntos cerrados y servicios de aseo. Además, viviendas de interés social encarecerán su acceso. También está el riesgo de que las empresas reduzcan personal para mantener márgenes, especialmente en sectores que dependen mucho del trabajo humano.
Fuente original: El Colombiano - Negocios