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Colombia crecería al 2,6% en 2026, pero con un problema que no resuelve: la inversión sigue en crisis

Fuente: Portafolio - Economía
Colombia crecería al 2,6% en 2026, pero con un problema que no resuelve: la inversión sigue en crisis
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La economía colombiana mantendría un crecimiento moderado del 2,6% en 2026, impulsada principalmente por el gasto de los colombianos. Sin embargo, hay una alarma roja: la inversión apenas crece y alcanzó su nivel más bajo en dos décadas, lo que limita el potencial futuro. A esto se suma la inflación persistente por encima de las metas del Banco de la República y un déficit fiscal que podría empeorar sin ajustes significativos.

La economía colombiana llegará a 2026 con ritmo lento pero estable. Las proyecciones más recientes indican un crecimiento del 2,6%, similar al desempeño que tuvo el país en 2025. Aunque esto represente una mejoría comparado con el 1,5% de 2024, el panorama sigue siendo modesto para una economía que aspira a generar más empleos y oportunidades.

El motor de este crecimiento es el consumo. Los colombianos siguen gastando, tanto en bienes como en servicios, lo que sostiene la actividad económica. El consumo público y privado en conjunto creció 4,2% en 2025 y se espera que siga tirando del carro en 2026 con una expansión del 3,4%. El problema es que esta no es una estrategia sostenible a largo plazo. Consumir más sin producir más es como vivir de los ahorros: funciona por un tiempo, pero al final se agota.

Aquí aparece el verdadero cuello de botella: la inversión está en crisis. La formación bruta de capital fijo (lo que técnicamente significa comprar máquinas, construir fábricas y mejorar infraestructura) creció apenas 1,3% en 2025. Peor aún, la tasa de inversión cayó al 16% del Producto Interno Bruto, el nivel más bajo en los últimos veinte años. Para 2026, se espera que siga languideciendo con un crecimiento de apenas 1,2%. Sin inversión no hay crecimiento real a futuro, porque la capacidad productiva del país no mejora.

¿Por qué se paralizó la inversión? Las empresas enfrentan tasas de interés muy altas. El Banco de la República las elevó al 10,25% en enero de 2026 y se proyecta que lleguen al 11,5% para cierre de año. Cuando pedir dinero cuesta caro, los empresarios posponen proyectos. Además, hay incertidumbre sobre la política económica y los costos laborales subieron con el incremento del salario mínimo del 23%, lo que presiona aún más las decisiones de inversión.

En el lado de la inflación, el problema tampoco desaparece. En febrero de 2026, los precios subieron 5,29% en términos anuales, completando 55 meses consecutivos por encima de la meta del banco central. Los servicios están especialmente caros, con una inflación del 6,45%, impulsada en parte por ese aumento salarial que mencionamos. Esto significa que mientras ganan más, los colombianos ven que todo cuesta más también.

Las finanzas públicas también preocupan. Aunque el déficit del Gobierno nacional central se redujo a 6,4% del PIB en 2025, esta mejora fue más truquito contable que solución real: fue por manejos de deuda, no porque el gasto haya bajado. El déficit primario (que muestra la diferencia real entre ingresos y gastos sin contar la deuda) subió a 3,5% del PIB. Para 2026, sin cambios en la política fiscal, el déficit podría alcanzar 6,7% del PIB. Si no se toman medidas, la deuda neta podría superar los límites que la propia regla fiscal permite hacia 2030.

En lo externo, la economía también muestra vulnerabilidades crecientes. El déficit de cuenta corriente (la diferencia entre lo que exportamos e importamos) se ampliaría de 2,4% del PIB en 2025 a 2,8% en 2026. Además, la inversión extranjera directa cayó 16,2%, mientras que el dinero que llega por inversión de portafolio (especulación financiera más volátil) aumentó significativamente. Esto hace a Colombia más dependiente de flujos de capital que pueden escapar rápidamente si cambia el sentimiento global de riesgo.

En resumen, Colombia logra mantener el crecimiento pero sin resolver sus problemas de fondo. El país está sobre dos ruedas: una es el consumo de los hogares, que sigue activo, y la otra es la debilidad en todos lados: inversión baja, inflación alta, finanzas públicas desequilibradas y vulnerabilidad externa creciente. Sin un cambio en esta estructura, el crecimiento seguirá siendo moderado y frágil.

Fuente original: Portafolio - Economía

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