Colombia clama por paz: los colombianos se niegan a creer que vivir sin violencia sea imposible
Los colombianos despiertan cada día con la esperanza de un país diferente, sin violencia ni narcoterrorismo. Aunque existe división sobre cómo lograrlo, hay consenso: la paz es posible y necesaria. Después de seis décadas de conflicto, las víctimas, comunidades indígenas y campesinos exigen que el Estado les devuelva la dignidad y la seguridad en sus territorios.
Cada amanecer en Colombia trae consigo un anhelo compartido: vivir en un país donde cese la violencia en las calles, en los territorios, en las redes sociales. La ciudadanía sueña con una nación de gente amable, emprendedora y altruista. Un país donde en sus treinta y dos departamentos y más de mil cien municipios no siga corriendo sangre innecesariamente. Donde el sonido de los fusiles sea reemplazado por la música de guitarras, violines y acordeones. Muchos colombianos creen que ese país tan anhelado no es una utopía, sino una realidad posible por la que vale la pena luchar.
El sueño incluye cosas simples pero profundas: recorrer de nuevo los pueblos sin miedo, asistir a las fiestas patronales, disfrutar los carnavales de Barranquilla, la Feria de las Flores de Medellín, volver a gozar del eje cafetero. Son los anhelos guardados en la memoria de generaciones que apostaron a la paz. Con más de cincuenta y dos millones de habitantes, Colombia necesita ese nuevo amanecer hermoso y lleno de esperanza.
Pero la realidad es compleja. El país está polarizado en cómo alcanzar la paz. Unos continúan apostándole a los diálogos, otros a la guerra contra la criminalidad. Lo cierto es que Colombia tiene miedo y se siente prisionera en su propio territorio. Los programas de desarrollo territorial implementados hace diez años no han logrado consolidar la reforma rural integral prometida en los municipios más golpeados por la violencia. Esos ciento setenta municipios siguen padeciendo la violencia como antes.
Las comunidades afrodescendientes, indígenas, víctimas del conflicto y el campesinado soñaron con ser dignificados por el Estado, pero los avances son mínimos. El país se debate entre discusiones polémicas sobre cuál es el camino correcto: algunos circulan por la derecha buscando seguridad, otros por el centro, otros por la izquierda. Todos hablan de paz, pero cada uno la dibuja diferente.
Lo que sí está claro es que los colombianos quieren vivir sin drogas, sin narcoterrorismo, sin corrupción. Después de sesenta años de guerra y confrontación, la población clama porque alguien encuentre ese túnel que lleve a la luz. Porque esta lucha estéril por la desigualdad ha dejado demasiados muertos y demasiada desolación. Colombia no quiere seguir así.
Fuente original: Diario del Norte

