Colombia busca un nuevo modelo de desarrollo que cierre la brecha entre la paz prometida y la realidad de la violencia
El país lleva décadas persiguiendo la paz mientras lucha simultáneamente contra la pobreza, la corrupción y el narcotráfico. A pesar de contar con ventajas geográficas y recursos naturales abundantes, la violencia en sus múltiples formas sigue enquistada en territorios donde los programas estatales no han logrado transformar la realidad. Expertos plantean que se requiere un nuevo proyecto nacional que primero combata la inseguridad para que Colombia pueda convertirse en destino de inversión y turismo.
Después de más de cuatro décadas, Colombia sigue en la búsqueda de ese escenario donde la democracia y las instituciones finalmente cristalicen en la paz que parece eternamente esquiva. El cierre de brechas sociales, la seguridad nacional, la lucha contra la pobreza, la corrupción y el narcoterrorismo permanecen como anhelos centrales de los colombianos. Es paradójico: un país con todas las condiciones para ser uno de los mejores lugares para vivir en América Latina, pero donde la violencia confabulada con el narcotráfico lo ha convertido en el país del miedo, la muerte y el terror.
La violencia toma muchas formas en Colombia. Está en los hogares, en las calles, en la democracia misma, en los medios de comunicación y las redes sociales. Menú completo de inseguridad que se sirve desde los rincones más apartados hasta los centros urbanos. Más de cuatro generaciones han crecido bajo el rigor de esta realidad, tanto en el campo como en las ciudades. Un Estado centralizado que perdió el control sobre sus propios territorios. Cientos de miles de hectáreas de coca que simplemente desaparecen de los registros oficiales.
Los intentos por la paz han llegado a distintos gobiernos, pero como dice el refrán, la paz se ha quedado solo en promesas. Territorios que pusieron sus muertos fueron seleccionados para los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), pero siguen siendo de los más afectados por el conflicto, sin que el Estado logre la reivindicación que reclaman sus comunidades.
Los colombianos que apuestan por la paz lo hacen con una resiliencia particular: insisten, persisten y se niegan a desistir. Pero el país rema en direcciones opuestas. Unos apuestan a la paz mientras otros construyen la guerra. Unos destruyen mientras otros edifican. Unos buscan dinero fácil mientras otros se queman las pestañas sacando adelante sus familias con esfuerzo puro y fe.
Para que algo cambie, expertos plantean que Colombia requiere un nuevo proyecto nacional y un modelo de desarrollo diferente. Pero antes de eso, la inseguridad y la violencia deben ser combatidas de verdad. El país tiene todo para ser destino de inversión y turismo: su posición geoestratégica con dos costas, tres cordilleras, páramos, selva. Bajo tierra y en sus vientos hay recursos renovables y no renovables esperando ser transformados en oportunidad. Lo que falta es que alguien tome el toro por los cachos y haga que esa paz deje de ser solo un sueño.
Fuente original: Diario del Norte
