Codirector del Banrepública desafía el consenso: el empleo crece aunque suba el salario mínimo

César Giraldo, codirector del Banco de la República, cuestiona la creencia tradicional de que aumentar el salario mínimo destruye empleos. Asegura que la evidencia muestra lo contrario: el empleo ha crecido incluso cuando suben los salarios. Además, plantea que la informalidad no es solo un problema económico, sino político que requiere reconstruir la confianza entre el Estado y los trabajadores.
En el corazón del debate económico colombiano de este año está una pregunta que divide a expertos y empresarios: ¿qué pasó con el empleo cuando el salario mínimo subió un 23%? La mayoría de analistas advertía sobre despidos y precarización. Pero César Giraldo, codirector del Banco de la República, acaba de tirar una piedra en el estanque: según él, los datos no respaldan ese apocalipsis laboral.
Giraldo fue tajante en sus palabras: "si usted hace una relación entre salario mínimo y empleo, el empleo ha aumentado cuando sube el salario mínimo". Así cuestiona directamente la lógica que muchos economistas dan por sentada. El directivo incluso criticó cómo funciona el pensamiento técnico tradicional, asegurando que "cuando la realidad no coincide con el modelo, el problema está en la realidad, y eso no es así, es al revés". En otras palabras: si los números no cuadran con la teoría, quizás la teoría necesita ajustarse.
Pero la reflexión de Giraldo va más allá de las cifras de empleo. Tocó un tema que toca el bolsillo de millones: la informalidad, ese universo de vendedores ambulantes, carpinteros por encargo y trabajadores sin contrato que representa casi la mitad del empleo en Colombia. Según él, la informalidad persiste a pesar de todos los intentos de las autoridades, y la razón es que el problema no es solo económico sino político.
Aquí está lo interesante: Giraldo plantea que un trabajador informal no tributa ni se formaliza porque desconfía del Estado, no porque los números no le cierren. "Nadie paga impuestos cuando siente que el Estado lo está atacando, porque el Estado carece de legitimidad", afirmó. Puso de ejemplo a un vendedor ambulante que evita registrarse porque percibe que los inspectores actúan contra él, no a su favor.
Este enfoque cambia el juego. Significa que no basta con políticas puramente económicas. Se necesita que el Estado reconstruya su credibilidad con quienes están en la informalidad para que vean la formalización y el pago de impuestos como algo benéfico, no como una trampa. Es, en esencia, un llamado a pensar la informalidad como un asunto de confianza institucional tanto como de dinero.
Fuente original: Portafolio - Economía