Cincuenta años de gloria vallenata: cuando la música competía con creatividad, no con insultos
En 1976, el vallenato vivía su época dorada con competencias musicales que generaban obras maestras cada seis meses. Hoy, los nuevos músicos prefieren imitar géneros foráneos en lugar de continuar la tradición. Un análisis de cómo pasamos de lo sublime a lo que algunos ven como desastre en la música del valle.
"Ya los músicos de hoy, no quieren grabar merengue. Dicen que eso no se vende, para mí ese es un error; yo si digo lo que son, sin temor a equivocarme, lo que pasa es que no saben, siempre lo interpretan mal y así quieren acabar un ritmo alegre del valle". Esta reflexión resume la preocupación que existe hoy en torno al destino de la música vallenata, un ritmo que ha visto transformarse su esencia en los últimos años.
Lo que pasó en 1976 fue extraordinario. Mientras hoy vemos a nuevos intérpretes que no saben si están tocando paseo, merengue, puya o son, hace cinco décadas las grandes agrupaciones del valle se disputaban el favor del público con producciones musicales completas cada seis meses. Los Hermanos Zuleta, Jorge Oñate y Los Hermanos López se lanzaban al mercado álbumes que competían en calidad, no en insultos ni egos desbordados como ocurre actualmente. Esa era una época de bonanza donde las agrupaciones podían presentarse hasta en el nacimiento de la mascota de una casa, tanta era la demanda por sus servicios.
Lo que muchos olvidan es que esa competencia sana generaba joyitas musicales. En 1976, Jorge Oñate se unió con Emiliano Zuleta después de separarse de Los Hermanos López, y juntos grabaron "La parranda y la mujer", un disco que quedó en la historia. Oñate y 'Colacho' lanzaron "Campesino parrandero" con temas que aún resuenan como "Noche sin luceros" de Rosendo Romero. Los Hermanos Zuleta respondieron con "Los maestros", que incluía "La guayabalera" de 'Tijito' Carrillo. Seis meses después vinieron "Únicos" e "Ídolos", con canciones que siguen presentes en la memoria colectiva.
El problema actual es que los músicos jóvenes han preferido el camino fácil de imitar lo que han inventado otros géneros en lugar de darle continuidad a esa obra bien cimentada. Así es imposible saber qué están tocando realmente. Y lo más grave es que hay quienes justifican esto diciendo que "los pelaos están viviendo su tiempo", pero la realidad es que pueden vivir su tiempo sin quitarle la vida a la tradición vallenata que sus antecesores construyeron con tanto esfuerzo y talento.
Fuente original: Diario del Norte