China invierte millones en el Mundial 2026, pero su selección sigue sin clasificar

China es el país con más aficionados al fútbol del mundo (289 millones), pero quedó fuera del Mundial 2026 tras perder ante Indonesia. Paradójicamente, empresas chinas como Lenovo, Hisense y Mengniu invierten más de 500 millones de dólares como patrocinadores oficiales del torneo. Mientras tanto, el árbitro Ma Ning se convierte en la única representación futbolística china del campeonato. El contraste evidencia un problema estructural: China tiene poder económico pero no éxito deportivo.
El Mundial 2026 en Norteamérica cuenta una historia extraña y contradictoria sobre China. El gigante asiático, que alberga casi 289 millones de aficionados al fútbol, no estará presente en la cancha. Su selección quedó eliminada en junio de 2025 con una derrota por 1-0 ante Indonesia en Yakarta, un golpe especialmente amargo considerando que Asia recibió 8,5 cupos directos, una oportunidad histórica que los chinos no pudieron aprovechar.
Pero aquí viene lo curioso: aunque China no juegue, su presencia en el torneo es innegable. Tres gigantes empresariales chinos son pilares de la organización. Lenovo actúa como socio oficial de la FIFA, suministrando infraestructura tecnológica e incluso un asistente de inteligencia artificial llamado Football AI Pro para las 48 selecciones participantes. Hisense participa como patrocinador y proveedor del sistema de videoarbitraje de los estadios. Mengniu, uno de los mayores productores lácteos del país, mantiene una presencia comercial importante durante el campeonato. En conjunto, estas empresas habrían invertido más de 500 millones de dólares.
Ante la ausencia de la selección nacional, el símbolo futbolístico chino del torneo es el árbitro Ma Ning, de 46 años, conocido como el "Card Master" por su estilo estricto dirigiendo encuentros. Su participación despertó entusiasmo inusual entre los aficionados chinos. En Weibo, los temas sobre Ma Ning acumularon millones de visualizaciones, y en la plataforma RedNote consiguió cerca de 200.000 seguidores en apenas dos semanas. Incluso marcas como Lenovo e Hisense firmaron acuerdos comerciales con él, convirtiéndolo en figura mediática nacional.
El contraste entre el poder económico y el fracaso deportivo refleja un problema mucho más profundo. Durante la última década, el gobierno impulsó un ambicioso plan para convertir al país en potencia futbolística: inversiones públicas, construcción masiva de canchas y programas escolares. Los resultados, sin embargo, no llegaron. Expertos señalan que el modelo es excesivamente centralizado, hay escasa formación de talento desde las bases, dependencia de clubes vinculados al sector inmobiliario que colapsaron, casos de corrupción que deterioraron la confianza, y lo que llaman la "pared académica": muchos jóvenes abandonan el fútbol cuando aumenta la presión académica en la adolescencia.
Afortunadamente, comienzan a surgir señales de cambio. El movimiento llamado "Suchao", nacido en Jiangsu, reúne a profesores, programadores, estudiantes y repartidores en ligas amateur que llenan estadios con entusiasmo genuino. A diferencia de los proyectos del gobierno, este crecimiento surge desde las comunidades y podría ser una base más sólida para el futuro.
El Mundial 2026 deja una lección clara: China puede convertirse en uno de los principales patrocinadores globales del fútbol y aportar tecnología de punta. Pero eso no es suficiente. Cerrar la brecha entre inversión económica y éxito deportivo requerirá mucho más: fortalecer el desarrollo juvenil, reformar las estructuras locales y construir, con paciencia, una verdadera cultura futbolística. Ese sigue siendo el gran desafío del gigante asiático.
Fuente original: San Andrés Hoy



