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Casi un millón de colombianos entran al crédito: jóvenes con tarjetas y fintechs lideran el boom, pero la trampa del sobreendeudamiento acecha

Fuente: El Tiempo - Economía
Casi un millón de colombianos entran al crédito: jóvenes con tarjetas y fintechs lideran el boom, pero la trampa del sobreendeudamiento acecha
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El crédito en Colombia está en expansión con 882.500 nuevos usuarios en 2025, especialmente jóvenes que abren tarjetas y solicitan préstamos por internet. Aunque la morosidad general mejoró, hay una realidad paralela: miles de colombianos están atrapados en deudas múltiples, ganando entre 1,5 y 3 millones de pesos pero debiendo 34 millones. El riesgo más grande no es falta de ingresos sino malas decisiones de gasto.

El crédito volvió a fluir en Colombia, pero con un giro interesante: quienes lo están impulsando son principalmente jóvenes y personas que nunca antes habían tocado un préstamo. Mientras el sistema financiero celebra números de crecimiento récord, una pregunta inquietante flota sobre todo esto: estamos incluyendo a millones de nuevos deudores o estamos alimentando una crisis de sobreendeudamiento disfrazada de inclusión financiera?

Los datos lo dicen claramente. Entre enero y noviembre de 2025 entraron al mercado crediticio 882.500 personas nuevas, lo que significa un crecimiento de casi el 24 por ciento en comparación con el año anterior. En el último trimestre el salto fue aún más dramático: 37 por ciento. Las tarjetas de crédito y los préstamos por fintech (empresas tecnológicas que prestan por internet) son las principales puertas de entrada. Pasaron del 33 al 42 por ciento de los nuevos clientes usando tarjetas, mientras que quienes recurren a fintech saltaron del 12 al 16 por ciento. Aquí está el nudo: muchos de estos nuevos usuarios son jóvenes entre 18 y 24 años, casi el doble comparado con hace un año. Son personas con poca o ninguna experiencia manejando deudas.

A primera vista, todo parece estar bajo control. Las tasas de morosidad (cuando la gente no paga a tiempo) bajaron en casi todos los productos. En tarjetas de crédito cayeron 140 puntos básicos, lo que significa que menos personas están dejando de pagar. Eso sugiere que el sistema está siendo más cuidadoso al prestar y que los nuevos clientes, al menos por ahora, están pagando. Pero esta es solo una cara de la moneda.

La otra cara es más preocupante y se ve cuando miras quién ya está metido en problemas. Un estudio de la empresa Bravo, que ayuda a personas a reorganizar sus deudas, analizó más de 17.000 colombianos en mora. El 43,3 por ciento de ellos tiene entre tres y cinco deudas sin pagar. La deuda promedio alcanza 34,1 millones de pesos, un monto que prácticamente no ha bajado.

Lo más revelador es por qué caen en mora. El 44,1 por ciento dice que simplemente gasta más de lo que gana. No es que se quedaron sin trabajo de repente o que les llegó un golpe económico inesperado: es que viven por encima de sus posibilidades. Eso es decisión, no desgracia. La pérdida de empleo explica solo el 18,2 por ciento de los casos, aunque creció comparado con el año anterior.

Aquí viene lo que rompe los mitos. El deudor sobreendeudado no es necesariamente una persona sin educación. El 29,9 por ciento tiene universidad y el 21,9 por ciento bachillerato. La mayoría tiene entre 31 y 40 años. El perfil típico que dibuja Bravo es casi de película: un hombre profesional, soltero, bogotano, que gana en promedio 4,5 millones de pesos brutos mensuales. Suena bien hasta que descubres que lo más común es ganar entre 1,5 y 3 millones. Es decir, personas que tienen aspiraciones de consumo y acceso a crédito, pero ingresos que no soportan el tamaño de sus obligaciones.

El dilema que enfrenta Colombia en 2026 es casi paradójico. El sistema está creciendo, mejorando sus indicadores de riesgo e incluyendo a nuevos usuarios. Pero al mismo tiempo, una franja importante de la población ya está atrapada en una espiral donde la cuota mensual se come gran parte de lo que ganan. El reto no es simplemente meter más personas al crédito. Es lograr que esa inclusión sea sostenible, con educación financiera real, evaluaciones de riesgo más inteligentes y, sobre todo, con bancos y plataformas que fijen límites de crédito acordes con lo que la gente realmente puede pagar, no con lo que ambiciona gastar.

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Fuente original: El Tiempo - Economía

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