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Cartagena brilla, pero le falta educación: los abusos a turistas manchan su reputación

Fuente: El Isleño
Cartagena brilla, pero le falta educación: los abusos a turistas manchan su reputación
Imagen: El Isleño Ver articulo original

Cartagena tiene todo para ser un destino de ensueño: historia, arquitectura, playas y cultura caribeña de primera. Pero hay un problema que crece: vendedores abusivos, taxistas sin taxímetro, restaurantes con sobrecobros y precios arbitrarios que ahuyentan a los visitantes. Residentes y turistas denuncian constantemente estafas que perjudican la imagen de toda la ciudad. El columnista pide educación ciudadana urgente y mano firme de las autoridades.

Cartagena merece mejor de sí misma. La ciudad posee todos los ingredientes para ser la joya de América: murallas que cuentan historias, arquitectura que mezcla lo colonial con lo republicano, gastronomía de lujo, música, danzas, festivales y un entorno caribeño que pocos lugares en el mundo pueden presumir. Las playas, las islas, la riqueza marina todo está ahí. Pero falta lo más importante: la dignidad en el trato.

El problema es claro y las denuncias no paran de llegar. En las playas, vendedores abusan de los precios. En los restaurantes, los cobros sorpresa dejan a los clientes sin aire. Los taxistas sin taxímetro hacen de cada carrera una negociación injusta donde el mismo trayecto puede costar tres veces más según el conductor. Y así, en todo, hay una distorsión de precios que golpea principalmente al turista extranjero y, qué pena decirlo, también al colombiano que visita su propia costa.

Ya no es novedad que los residentes de Cartagena digan que antes de contratar cualquier servicio hay que preguntar el precio. Porque una vez terminado el trabajo o la compra, la sorpresa llega demasiado tarde. Ese turista, decepcionado y con el bolsillo más vacío de lo justo, se va a contar su experiencia amarga a quien quiera escuchar. Y ahí está el daño: unos pocos inescrupulosos le arrebatan el prestigio a toda una ciudad y a su gente honesta.

La solución no es fácil pero es urgente. Se necesita un programa educativo que toque todos los sectores de la economía local, uno que enseñe rectitud y buen comportamiento. Porque cuando los comportamientos negativos no se atacan a tiempo, se expanden, crecen como maleza y llegan a todos lados.

Pero la educación solita no es suficiente. La policía y los organismos de seguridad de la ciudad tienen que actuar también. Cuando el que comete abuso no recibe un castigo justo y a tiempo, va a seguir por el mal camino. Y lo peor es que eso contamina a los demás, que ven que no pasa nada y siguen el ejemplo.

Cartagena puede seguir siendo lo que es: un destino de película. Pero necesita que sus propios hijos la cuiden con honor.

Fuente original: El Isleño

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