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Cartagena apuesta por sus parques: ¿será verde de verdad o solo de vitrina?

Fuente: Las Noticias Cartagena

El Parque Apolo en El Cabrero representa un respiro en la historia de descuido que vive Cartagena con sus espacios públicos. La ciudad ha recibido con entusiasmo el proyecto, pero el verdadero reto no está en la inauguración sino en mantener viva la obra y lograr que los ciudadanos la cuiden. Sin continuidad institucional y apropiación comunitaria, el parque corre el riesgo de terminar como tantos otros: deteriorado y olvidado.

Cartagena está teniendo un momento diferente con sus parques. Después de años viviendo a espaldas del verde urbano y de una planificación ambiental que nunca termina de consolidarse, ahora los espacios públicos vuelven a sonar en la conversación de la ciudad. La recuperación del Parque Apolo en El Cabrero es noticia grata, sin discusión. Pero cualquiera que conozca Cartagena sabe que lo fácil no es hacer una obra bonita: lo difícil es que siga siendo bonita.

Los parques nuevos siempre llegan con expectativa. Se siembran árboles, se arregla el césped, se pintan las jardinería con colores vivos. Todo brilla por unos meses. El problema en Cartagena es que esa brillo tiene fecha de vencimiento. Porque la ciudad tiene una costumbre incómoda: inaugurar espacios con algarabía para después abandonarlos cuando deja de haber cámaras de por medio. Sin continuidad en el mantenimiento y sin que la comunidad sienta que el parque es realmente suyo, las cosas se deterioran rápido.

Ahora bien, el Parque Apolo trae una propuesta diferente. No está solo. Hace parte de lo que llaman un corredor verde que conecta con cuerpos de agua y otros escenarios urbanos. En teoría, eso suena como una política integral de largo plazo. En práctica, depende de que Cartagena cambie su forma de pensar: dejar de ver los parques como proyectos puntuales y empezar a tratarlos como infraestructura que requiere cuidado permanente.

Lo interesante es que un parque bien hecho toca mucho más que el ambiente. Cuando funciona, mejora la seguridad que sienten los vecinos, activa la vida en común y puede revitalizar barrios que han estado desconectados de ofertas públicas decentes. Para sectores como El Cabrero, que cargan con estigmas históricos, eso es importante.

Pero aquí viene la pregunta que todo cartagenero se hace en silencio cuando inaugura una obra de estas: ¿hasta cuándo va a estar en pie? No es pesimismo, es experiencia. Y la respuesta no depende solo de alcaldes ni funcionarios. Depende de que los ciudadanos vean el parque como propio, como algo que vale la pena defender.

El Parque Apolo puede ser el inicio de un Cartagena más verde y más equilibrado. O puede ser un embellecimiento que dure lo que tarde en pasar la novedad. La diferencia estará en la constancia: de la ciudad, de las instituciones y de la gente que lo va a caminar todos los días.

Fuente original: Las Noticias Cartagena

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