Capturan en Ecuador a alias Mizón, cabecilla de banda criminal que aterrorizaba Bogotá

Luis Rolando Osorio Arévalo, conocido como alias Mizón o el Viejo, fue capturado en Lago Agrio, Ecuador, tras una operación conjunta entre autoridades colombianas y ecuatorianas. El hombre lideraba a los Maracuchos, banda de origen venezolano vinculada a homicidios, tráfico de drogas y extorsión en Bogotá. Mizón operaba como empresario de fachada mientras controlaba puntos de microtráfico en Los Mártires y Kennedy, y se le atribuyen más de 20 asesinatos ejecutados entre 2022 y 2023.
La captura de alias Mizón marca un punto de quiebre en la batalla contra el crimen organizado transnacional en Bogotá. El sábado pasado, el alcalde Carlos Fernando Galán confirmó que este criminal, cuyo nombre real es Luis Rolando Osorio Arévalo, fue detenido en Lago Agrio, Ecuador, tras una operación coordinada entre las autoridades colombianas y ecuatorianas. Con esta captura, cae el principal responsable de una ola de violencia que ensangrentó varios barrios capitalinos durante los últimos años.
Mizón no era un delincuente común. Su astucia radicaba en mantener una doble vida: por un lado se presentaba como un exitoso empresario que invertía en establecimientos nocturnos de lujo, incluso contrataba artistas reconocidos para sus eventos; por el otro, era el cerebro detrás de una estructura criminal dedicada al homicidio sistemático, el tráfico de estupefacientes y la extorsión. Lideraba a los Maracuchos, una banda con raíces venezolanas que se expandió por toda Suramérica. De acuerdo con el comandante Giovanni Cristancho de la Policía Metropolitana de Bogotá, "Este criminal estaba requerido por homicidio agravado, tortura y delitos relacionados con armas y estupefacientes".
Su imperio del crimen se extendía por Los Mártires, Kennedy y la avenida Primero de Mayo. Uno de sus negocios más conocidos era Potrillos, ubicado en Puente Aranda, que funcionaba simultáneamente como bar de moda, sindicato para fiestas clandestinas y punto de reunión de otros grupos criminales como el Tren de Aragua. Mientras sus subordinados se disputaban las calles para vender droga y armas, Mizón consolidaba su imperio comercial con una fachada de legitimidad.
Lo más preocupante fue la brutalidad de sus operaciones. Entre 2022 y 2023, las autoridades hallaron más de 20 cuerpos dentro de bolsas de basura dispersos en diferentes puntos de la capital. Estos asesinatos respondían a una estrategia deliberada: enviar mensajes de terror a sus rivales por el control del microtráfico. La violencia fue tan sistemática que llegó a marcas de sangre en barrios populares durante meses.
Después de que en 2024 la Policía intensificara las búsquedas, Mizón logró salir del país. Su desaparición hizo que muchos creyeran que los Maracuchos habían sido desmantelados. Sin embargo, esa esperanza fue frágil. El 23 de enero pasado, dos hombres lanzaron una granada contra bares en Santa Fe, dejando una persona muerta y 13 heridas. Este acto fue la confirmación de que la banda seguía operando y buscaba retomar territorio.
La captura de Mizón no cierra el capítulo de los Maracuchos en Bogotá, pero sí representa un golpe significativo contra una estructura que sembró pánico en sectores vulnerables de la ciudad. El alcalde Galán señaló que el detenido también era "administrador de bares, pagadiarios y puntos de expendio de estupefacientes vinculados a la misma organización", evidenciando lo sofisticado de su operación. Ahora, las autoridades enfrentan el desafío de desmantelar completamente una banda que aprovechó la nocturnidad bogotana para prosperar en las sombras.
Fuente original: El Tiempo - Bogotá