Calixto Ochoa: el Rey Vallenato que dejó más de mil 500 canciones de amor y vida
Calixto Antonio Ochoa Campo, coronado Rey Vallenato en 1970, nació en Valencia de Jesús hace 90 años y convirtió su acordeón en la herramienta para contar historias de amor, rechazo y la cotidianidad de los pueblos vallecaucanos. Durante 25 años estuvo acompañado por Dulsaides Bermúdez, quien conocía cada secreto detrás de sus composiciones. Ochoa falleció en 2015 dejando un legado musical que trasciende generaciones y que sigue vivo en voces como la de Diomedes Díaz.
Calixto Antonio Ochoa Campo nació el martes 14 de agosto de 1934 en Valencia de Jesús, corregimiento de Valledupar. Era hijo de Cesar Salomón Ochoa López y María Jesús Campo Pertuz, y desde temprano supo que su destino estaría atado al acordeón. Toda su vida la pasó componiendo, regalando alegrías cantadas a quien quisiera escucharlo. En su registro quedaron consignadas más de mil 500 canciones, algunas inéditas en casetes que guardan celosamente quienes lo acompañaron en los últimos tiempos.
'El negro Cali', como lo llamaban, tenía la costumbre de contar su propia biografía a través de canciones. En esas historias transitaba por caminos de Macondo, hablaba de calabacitos alumbradores y tardes que lo llevaban a soñar con los sabanales. Incluso, treinta y seis años antes de su muerte, ya había compuesto 'Sueño triste', donde imaginaba su propio fallecimiento y cómo la gente comentaría lo bueno que era el difunto. Ochoa tenía una manera especial de entender que la vida era como un perfume al viento, algo que siempre se nos escapa.
Hace 55 años de entonces, un hecho cambió su vida. En el Festival de la Leyenda Vallenata se coronó como Rey en 1970, presentando sus propias composiciones: el paseo 'Muñequita linda', el merengue 'Palomita volantona', el son 'La interiorana' y la puya 'Puya regional'. Lo acompañaban en la caja Olimpo Beltrán Peñate y en la guacharaca Eliécer Amado Ochoa Herrera. Ese día recibió como premio 10 mil pesos y se compró un reloj marca Ferrocarril de Antioquia.
Pero detrás de cada canción había historias personales que marcaron su alma. Dulsaides del Rosario Bermúdez Díaz, originaria de Villanueva en La Guajira, lo conoció cuando se coronaba como Rey Vallenato en Valledupar. Lo observó tocando en un kiosco y quedó cautivada. Aunque en esa ocasión no sucedió nada, un año después el destino los volvió a encontrar y estuvieron unidos durante 25 años. Ella en algún momento relató: "Él era humanitario, noble, sencillo, cariñoso, respetuoso y principalmente una persona de pueblo y nunca se dejó tocar por la fama". Dulsaides conocía los secretos de muchas de sus canciones, como aquella joven que lo rechazó por ser negro, hecho que inspiró 'Mi color moreno' y 'Negrito gracioso'.
Calixto Ochoa era un hombre de pueblo que disfrutaba viendo películas del actor mexicano Cantinflas en el teatro Cesar. Para conseguir la entrada trabajaba en la finca del ganadero Lucas Monsalvo, cortaba leña y la vendía aparte. Sus ídolos en la música vallenata fueron los juglares Andrés Landero y Alejo Durán. Todo lo que vivía lo transformaba en melodía, desde los sabanales hasta los nombres de mujeres que lo marcaron.
A finales de abril de 2012, Calixto recibió un homenaje monumental en el 45° Festival de la Leyenda Vallenata. Era un reconocimiento en vida para quien supo meterse en el pentagrama vallenato con sabanales, lirios rojos, historias reales y personajes con identidad propia. En esa ocasión, aunque el dolor del cuerpo lo alejaba del acordeón, expresó con máxima emoción: "Este homenaje es indescriptible. Tantas muestras de cariño me hicieron llorar como un niño. Dios les pague a todos".
Para Ochoa, el amor era lo más bonito de la vida. Solía discurrir sobre este tema con la convicción de quien lo había experimentado profundamente: "Sin amor no hay hombre feliz, ni mujer tampoco, porque la mujer se enamora igual que uno. El amor es el tren que nos lleva a estar contentos, y cuando se descarrila la vaina se pone maluca". El hombre que una vez pidió permiso a la muerte para demorarse más en la tierra, nunca le tuvo miedo. Incluso en sus canciones dejó clara su filosofía sobre la brevedad de la existencia, cómo todo es un sueño que se va, y cómo la vida se desvanece como un aroma.
Hace diez años, el 18 de noviembre de 2015, Calixto Ochoa cerró los ojos para siempre. Pero su voz permanece viva en las composiciones que interpretó y en las que otros artistas como Diomedes Díaz han cantado. En una de esas obras dejó un mensaje que trasciende el tiempo, dirigido a alguien especial: "Si acaso yo no regreso más por aquí, díganle a Diana que rece y ruegue por mí". Era la forma de un juglar vallenato de decir adiós, dejando en el aire la melodía que lo definió: historias de amor, vida y los caminos de la gente común.
Fuente original: Periódico La Guajira
