Café colombiano en encrucijada: sequía y revaluación amenazan mientras crece la demanda global

La producción de café cayó más de 14% en febrero por lluvias atípicas y ahora los caficultores pierden casi $200 por saco vendido por culpa de la revaluación del peso. Pero hay esperanza: existen 2,3 billones de personas que no consumen café diariamente y mercados emergentes como China apenas despegan. Colombia, tercer productor mundial y segundo en café arábica de calidad superior, busca aprovechar esta ventana mientras lidia con factores macroeconómicos fuera de su control.
El café colombiano atraviesa tiempos turbulentos. No es solo un mal año de cosecha: es una tormenta perfecta donde convergen problemas climáticos, decisiones macroeconómicas que nadie esperaba y el comportamiento impredecible de los mercados internacionales. La producción llegó apenas a 12,7 millones de sacos en febrero, una caída superior al 14% comparada con febrero del año anterior cuando se cosecharon 14,8 millones de sacos de 60 kilogramos cada uno.
El problema comenzó con el clima. Durante enero y febrero, cuando normalmente se configura la cosecha principal, cayeron lluvias atípicas que afectaron la floración de las plantas. Según Santiago Jaramillo, gerente de Cenicafé, esto no significa que los cafetales se hayan dañado permanentemente, sino que los picos de producción se han desplazado hacia el calendario. Las temperaturas más altas de marzo y abril sugieren que la cosecha se concentrará en noviembre y diciembre en lugar de los meses tradicionales. Es como si la naturaleza hubiera reprogramado el reloj de la finca, pero el reloj económico sigue avanzando igual.
Lo que realmente preocupa a los caficultores es algo que ocurre en oficinas de Bogotá, no en las montañas cafeteras. La revaluación del peso frente al dólar está comiendo ganancias. José Leibovich, director de investigaciones de la Federación Nacional de Cafeteros, lo explicó así: los caficultores pierden aproximadamente $200 en la venta de cada saco debido al precio más favorable del dólar. Puesto en contexto, cuando exportas el 90% de tu producción en dólares pero tus costos están en pesos, un peso más fuerte es un puñado menos de billetes en el bolsillo. Leibovich atribuyó el problema a decisiones de endeudamiento del Ministerio de Hacienda que han impactado el tipo de cambio, aunque aclaró que los cafeteros son víctimas colaterales de decisiones macroeconómicas que nada tienen que ver con la calidad de su trabajo.
Pero mientras el sector enfrenta esa tormenta, el horizonte muestra posibilidades. Colombia es el tercer productor mundial de café con 14,9 millones de sacos anuales, solo superado por Brasil con 65,5 millones y Vietnam con 27 millones. Sin embargo, aquí viene lo interesante: en café arábica, la variedad de mejor calidad, Colombia es el segundo productor mundial. No es lo mismo producir mucho que producir bien. Los mercados internacionales lo saben y pagan una prima adicional por la suavidad y calidad superior del grano colombiano dentro de los contratos de referencia mundial.
La oportunidad real está en la demanda dormida. Estados Unidos, Brasil y Alemania son los mayores consumidores actuales, con Estados Unidos solo comprando el 40,2% de las exportaciones colombianas de café. Pero existe un mercado virgen: 2,3 billones de personas en el mundo que no toman ni una taza de café al día. China, en particular, se asoma como el gran potencial. En 2025 Colombia vendió 364.000 sacos a ese país, apenas el 2,7% de sus exportaciones cafeteras. Sin embargo, China actualmente importa 6 millones de sacos anuales mientras su consumo per cápita sigue siendo bajísimo en comparación con países occidentales. Según Esteban Ordoñez, gerente comercial de la FNC, "el día que suban a un kilo per cápita, se necesitan millones de sacos más". Esa es la apuesta del sector: cautivar nuevos consumidores en Asia mientras lidia con los golpes del corto plazo.
Fuente original: Portafolio - Economía