Bulgaria elige entre el giro prorruso de Radev o mantener su rumbo europeo

Bulgaria celebra este domingo elecciones parlamentarias anticipadas, las octavas desde 2021, en medio de una profunda crisis política y económica. El expresidente Rumen Radev, de orientación izquierdista y prorrusa, lidera los sondeos con intenciones de voto entre el 32% y 34%. Su eventual llegada al poder preocupa a la Unión Europea y Ucrania por sus posiciones contrarias a acuerdos de seguridad, mientras Bulgaria enfrenta descontento ciudadano por corrupción endémica y la reciente adopción del euro.
Bulgaria se prepara para unos comicios que podrían reconfigurar no solo su política interna sino también su posición dentro de Europa. Este domingo 19 de abril, los búlgaros acudirán a votar en lo que es ya la octava elección general en apenas cinco años. El detonante inmediato fue la dimisión del primer ministro Rosen Zhelyazkov hace algunos meses, presionado tanto por protestas masivas contra la corrupción como por la tensión que generó la adopción del euro el pasado 1 de enero. Los ciudadanos, asustados por el aumento en precios de servicios y energía, expresaron su malestar de formas cada vez más ruidosas. En este contexto convulso emerge Rumen Radev como la figura más visible. El expresidente, piloto militar de 62 años que dirigió la Fuerza Aérea búlgara, abandona su cargo ceremonial para aspirar a primer ministro, posición donde tendría poder real ejecutivo. Los sondeos lo favorecen consistentemente, con apoyo que oscila entre el 32% y 34% de los electores.
Radev ha hablado de un "nuevo comienzo" dirigido especialmente a votantes rurales y ha prometido acabar con la corrupción que los búlgaros experimentan como parte de su cotidianidad estatal. Su mensaje cala porque Bulgaria sigue siendo uno de los países más pobres de la Unión Europea, con casi una cuarta parte de su población viviendo en pobreza, y ocupa la posición 84 en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, siendo el peor evaluado del bloque comunitario.
Lo que genera inquietud en Bruselas y Kiev es que Radev ha construido su carrera política con posiciones claramente prorrusas. Hace poco, en marzo, el gobierno búlgaro firmó un acuerdo de seguridad con Ucrania al que Radev se opuso desde su posición presidencial, intentando retrasarlo sin éxito porque el Parlamento tenía herramientas para avanzar sin su beneplácito. Durante un mitin de campaña criticó duramente la adopción del euro, declarando: "Los que formaron coalición introdujeron el euro en Bulgaria sin consultarles. Y ahora, cuando paguen sus facturas, recuerden siempre qué políticos les prometieron que formarían parte del club de los ricos". El mensaje tiene un peso particular porque toca la rabia de bolsillo que siente la gente.
Boyko Borisov, exprimer ministro y hombre de centroderecha del partido GERB-SDS, aparece en segundo lugar en las encuestas, pero carga consigo un lastre: múltiples sospechas de corrupción que lo llevaron a ser brevemente detenido en 2022 por investigaciones sobre uso indebido de fondos europeos, aunque nunca enfrentó cargos formales. Su partido es miembro del Partido Popular Europeo en la UE y mantiene una alineación proeuropea.
El panorama que emerge es de extrema fragmentación política. Bulgaria necesitará coaliciones para gobernar, y probablemente ninguna será estable ni duradera dado que así ha ocurrido en las siete elecciones previas. Especialistas como Tihomir Bezlov, investigador del Centro para el Estudio de la Democracia en Sofía, advierten que "todo apunta a que se formarán coaliciones" pero que nadie es capaz de predecir cuánto tiempo perdurarán. Si Radev llega al poder, podría necesitar socios que, en teoría, lo obliguen a moderar sus posiciones prorrusas. Sin embargo, esta es una esperanza que descansa sobre equilibrios frágiles. Lo cierto es que el resultado de estas elecciones llegará apenas días después de que Viktor Orbán, el aliado más cercano que Vladimir Putin tenía dentro de la UE, perdiera su puesto en Hungría. Bulgaria, con sus 6,5 millones de habitantes, ubicada en el mar Negro y fronteriza con el sureste europeo, es miembro tanto de la OTAN como de la UE. Su siguiente gobierno enfrentará presiones contradictorias: las demandas internas de sus ciudadanos por cambio y limpieza institucional, y las expectativas externas de una Europa que no quiere más debilitamiento de su frente unido frente a Rusia.
Fuente original: France 24 - Europa



