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Bogotá se ahoga: las lluvias extremas desbordan alcantarillas y paralizan la ciudad

Fuente: Portafolio - Economía
Bogotá se ahoga: las lluvias extremas desbordan alcantarillas y paralizan la ciudad
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Bogotá enfrenta lluvias cada vez más intensas que generan decenas de emergencias diarias. El sistema de alcantarillado no aguanta estos volúmenes de agua, agravado por basura que tapa sumideros y por una ciudad demasiado pavimentada que no deja infiltrar agua. El fenómeno se explica por los cambios bruscos de temperatura que ocurren cada día en la capital.

Bogotá está en guerra contra el agua. En apenas dos horas, un aguacero en la calle 127 con carrera 2 descargó 56 milímetros de lluvia, equivalente a llenar 25 piscinas olímpicas de tamaño. Ese día, el 9 de marzo, la ciudad registró 34 emergencias relacionadas con lluvias. Y esto se repite constantemente.

Los problemas no son uno solo. Primero está el sistema de alcantarillado, que en muchas zonas simplemente no fue diseñado para recibir tanta agua en tan poco tiempo. Las tuberías y canales que recorren la ciudad bajo nuestros pies tienen un límite, y las lluvias extremas lo superan sin problemas. Segundo, la basura. Plásticos, colillas de cigarrillo y escombros se acumulan en sumideros y redes de drenaje, tapando el paso del agua como un coágulo en una vena. Cuando cae un aguacero fuerte, estos puntos obstruidos colapsan instantáneamente.

Hay un tercer culpable invisible: el cemento. Bogotá está casi completamente pavimentada. Vías, aceras, edificios: todo es superficie impermeable que rechaza el agua. En una ciudad natural, buena parte de la lluvia se filtraría en el suelo. Aquí, toda el agua escurre hacia las alcantarillas, saturándolas como una botella que no para de llenarse.

El factor climático explica por qué los aguaceros parecen venir de sorpresa. Cada mañana en Bogotá amanece alrededor de los 10 grados centígrados. Pero el sol de mediodía calienta la ciudad hasta 19 o 20 grados. Ese cambio brutal hace que la humedad acumulada en el suelo, las plantas y superficies mojadas se evapore rápidamente. Cuando ese vapor sube a la atmósfera encuentra condiciones para formar nubes, que casi siempre descargan en lluvia por la tarde. Por eso un día soleado puede volverse un diluvio en pocas horas.

El impacto es real en el bolsillo y en el tiempo de los bogotanos. Motociclistas pierden horas en tráfico, los transeúntes llegan mojados a sus destinos, y algunos sectores de la ciudad se convierten en lagunas. Avenidas como la Novena entre calles 109 y 116 se inundan regularmente. Sin cambios estructurales en el drenaje, la pavimentación inteligente y la gestión de residuos, estos episodios seguirán siendo la norma en la capital.

Fuente original: Portafolio - Economía

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