Banco de la República se debate entre frenar inflación y no apagar el crecimiento económico

Colombia creció 2,6% en 2025, pero el Banco de la República advierte que este avance descansa en pilares frágiles como el gasto público y no en factores estructurales sólidos. La entidad mantiene una postura cautelosa con las tasas de interés porque la inflación sigue siendo una amenaza, mientras enfrenta presiones externas de un dólar débil, incertidumbre global y volatilidad en precios del petróleo. El desafío central es sostener el crecimiento sin permitir que resurjan las presiones inflacionarias en un entorno cada vez más complejo.
El Banco de la República está atrapado en un dilema típicamente económico: no puede apretar demasiado las tasas de interés porque frenaria el crecimiento, pero tampoco puede aflojarlas demasiado porque la inflación podría volver a dispararse. Según su informe más reciente al Congreso, esta tensión será el eje de sus decisiones en los próximos meses, independientemente de los debates públicos con el gobierno sobre qué rumbo debe tomar la economía del país.
Los números del crecimiento parecen buenos a primera vista. Colombia creció 2,6% en 2025, lo que supera ampliamente el 0,8% de 2023 y el 1,5% de 2024. Pero aquí viene el problema: ese avance no se debe a que la economía haya mejorado sus estructuras de producción o se haya vuelto más competitiva. En cambio, está sustentado principalmente en dinero público que el gobierno ha inyectado en la economía y en una postura monetaria que comenzó restrictiva pero se fue suavizando. Es como si la recuperación estuviera parada sobre patitas de plástico. ¿Qué pasa cuando ese gasto público se reduzca o las expectativas cambien? La pregunta que se hacen en la junta directiva del Banco es precisamente esa.
En el plano internacional, la situación no ayuda. Durante 2025, el dólar se debilitó frente a otras monedas mientras Estados Unidos enfrentaba cuestionamientos sobre la solidez de su crecimiento. Sumele a esto las tensiones geopolíticas en Medio Oriente que voltearon al alza los precios del petróleo y creo una volatilidad en los mercados. Para un país como Colombia que aún depende significativamente de las exportaciones petroleras, estos movimientos son como temblores que hacen difícil planificar. El Banco reconoce en su informe que toda esta incertidumbre internacional complica las proyecciones sobre crecimiento global, inflación y comercio.
La inflación sigue siendo el fantasma que persigue cada decisión del Banco. Aunque globalmente varios países han logrado reducir sus niveles inflacionarios y han cortado tasas de interés, el Banco de la República mantiene una guardia alta. No es paranoia: existen factores reales que podrían reactivar presiones de precios, tanto internamente como por cambios en el costo del dinero y componentes externos que influyen en variables claves.
Hay un brote de esperanza en el sector externo. Las exportaciones colombianas están diversificándose gradualmente. Ya no es solo petróleo: entran en juego productos agrícolas, bienes industriales y servicios de tecnología de la información. Pero este proceso es todavía muy joven para transformar de verdad la dependencia estructural del país en sectores tradicionales.
En síntesis, el Banco de la República enfrenta un equilibrio complicado donde cualquier movimiento en falso tiene consecuencias. Subir mucho las tasas para controlar la inflación podría hacer que empresas y personas dejen de invertir y gastar, lo cual frenaria el crecimiento. Bajarlas demasiado para estimular la economía podría despertar nuevamente la inflación. Mientras tanto, turbulencias internacionales siguen añadiendo capas de incertidumbre a un escenario que ya es complejo de por sí.
Fuente original: Portafolio - Economía