Atrapados de nuevo: refugiados sudaneses huyen de la guerra en Líbano

Más de 200 refugiados de Sudán, Etiopía y Sri Lanka se han visto obligados a escapar nuevamente de los bombardeos en Líbano, muchos de ellos tras haber huido previamente de conflictos en sus países. La iglesia jesuita de San José en Beirut se ha convertido en refugio de emergencia para estas familias que pierden todo por segunda o tercera vez. Sus historias revelan un ciclo de desplazamiento sin fin, donde la guerra los persigue sin importar a dónde intenten escapar.
Rudayna tiene 32 años, está embarazada de nueve meses y apenas logra mantenerse en pie. Refugiada sudanesa, huyó a pie durante tres horas la madrugada del 2 de marzo cuando los bombardeos alcanzaron el sur de Beirut. Sus tres hijos la acompañaban, incluida una niña de siete años con autismo que sufrió especialmente durante la marcha nocturna. Junto a su familia llegó hasta la iglesia de San José, un templo jesuita ubicado en el barrio de Achrafieh que se ha convertido en punto de salvación para miles de desplazados.
La parroquia acoge actualmente alrededor de 200 migrantes y refugiados, aunque su capacidad es apenas para 80 personas. Según Robert Gemayel, portavoz del Servicio Jesuita a Refugiados, "Vienen de Sudán, Etiopía, Sri Lanka y otros países. Hay muchos niños, mujeres y adultos. Les proporcionamos alojamiento, colchones, comida, agua, electricidad y agua caliente." La iglesia ya ofrecía refugio a desplazados antes de la guerra, pero desde que escaló el conflicto se ha transformado en un albergue de emergencia abarrotado que planea ampliar sus servicios con programas educativos y apoyo psicológico.
Lo que hace estas historias particularmente desgarradoras es que muchos de estos refugiados ya habían escapado de guerras anteriores. Rudayna abandonó Sudán huyendo del conflicto que estalló en 2023 entre dos facciones militares rivales. Pasó primero por Siria durante dos días antes de llegar a Líbano en 2009 para reunirse con su marido. "Vine a Líbano para reunirme con mi marido, que estaba aquí desde 2009. No vine a trabajar, vine por la situación en Sudán. Todo nos trae desgracia. Dondequiera que vayamos, la guerra nos sigue", cuenta en voz baja mientras describe la presión constante que sufre.
Su viaje fue agónico. Llevaba en brazos a su hija de ocho años y cuando llegó a Líbano ya no tenía zapatos. Tras la caída del presidente Omar al-Bashir en 2019, Rudayna regresó a Sudán convencida de que las cosas mejorarían, pero cuando las protestas se intensificaron y el conflicto se hizo inminente, su marido le pidió que volviera nuevamente a Líbano. Ahora enfrenta costos de educación especial de 5.000 dólares anuales para su hija con autismo, una cifra imposible de costear en su situación actual.
Anwar huyó de Darfur, región que desde principios de los años 2000 ha sufrido genocidio y desplazamientos forzados. Se trasladó a Líbano en 2019 buscando estabilidad, pero cuando comenzaron los bombardeos en el sur tuvo que escapar nuevamente. Agotado tras caminar hasta la costa y luego hasta Beirut, abandonó las pocas pertenencias que llevaba. "Tenía siete años cuando empezó la guerra en Darfur", dice con voz baja. "Hoy nos sentimos perdidos. No entendemos qué está pasando. Soy extranjero, pero tengo miedo como todo el mundo".
Ousmane llegó a Líbano en 2010 y trabajaba en una gasolinera del sur hasta que la guerra lo desplazó nuevamente. Sentado en el aparcamiento de la iglesia cortándose el pelo con la ayuda de otro refugiado sudanés, expresa la resignación de quien se siente atrapado sin alternativas. "Tenía amigos en Líbano. Me dijeron que viniera, y ahora estoy atrapado aquí. No puedo volver a Sudán porque la guerra allí es peor que aquí", comenta mientras reflexiona sobre la muerte reciente de dos amigos sudaneses sin querer dar más detalles.
Según Gemayel, muchos de estos refugiados llegaron sin documentación adecuada, algunos cruzaron Siria de forma irregular, y ahora enfrentan múltiples desplazamientos. "La guerra los ha alcanzado aquí. Así que han tenido que desplazarse otra vez. Una tercera vez, una cuarta". Para familias como la de Rudayna, el ciclo parece interminable. "He vivido todas las desgracias. Cuando llegué aquí estaba el Covid. Luego la primera guerra. Luego la segunda", reflexiona mientras expresa su único deseo: "Espero que mis hijos tengan una vida mejor que la nuestra".
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



