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Ataques aéreos masivos: Ucrania y Rusia intercambian golpes con drones mientras civiles pagan el precio

Fuente: France 24 - Europa
Ataques aéreos masivos: Ucrania y Rusia intercambian golpes con drones mientras civiles pagan el precio
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Los ataques con drones rusos dejaron dos muertos y cinco heridos en ciudades ucranianas el domingo 19 de abril, incluyendo a un adolescente. En respuesta, Kiev atacó una fábrica rusa de drones en Taganrog. El presidente Zelenski criticó que Rusia sigue financiando la guerra con ventas de petróleo autorizadas por Estados Unidos, mientras Moscú lanza miles de artefactos semanalmente contra territorio ucraniano.

La guerra aérea sin cuartel que sostienen Rusia y Ucrania volvió a dejar un saldo de sangre en territorio ucraniano durante el fin de semana. Rescatistas hallaron el cuerpo de un muchacho de 16 años entre los escombros de Chernihiv, en el norte del país, tras un bombardeo con drones rusos ejecutado en la madrugada del domingo 19 de abril. Según Dmytro Bryzhynskyi, jefe de la administración militar de la ciudad, el ataque también dejó tres mujeres y un hombre heridos, además de varias casas incendiadas. Simultáneamente, hacia el sur, la ciudad de Jersón sufrió otro asedio donde un hombre murió al explotar un dron contra la furgoneta en la que viajaba por el centro urbano, conforme reportó Oleksandr Prokudin, jefe de la administración regional. Un segundo hombre fue hospitalizado por heridas de la misma explosión.

Moscú desató una ofensiva aérea masiva contra Ucrania. Entre la noche del sábado y la mañana del domingo, Rusia lanzó 236 drones sobre territorio ucraniano, de los cuales la defensa aérea ucraniana logró derribar 203. El ministerio de Defensa ruso argumentó que los objetivos incluían infraestructuras energéticas, instalaciones de producción de drones y posiciones del ejército ucraniano. Pero los números de Volodímir Zelenski pintan un cuadro mucho más grave: durante toda la última semana, Rusia lanzó 2.360 drones, 1.320 bombas aéreas guiadas y cerca de 60 misiles de diversos tipos. El presidente ucraniano aprovechó para criticar duramente las políticas occidentales, señalando que "la continua flexibilización de las sanciones contra Rusia no refleja la situación real en la guerra ni en la diplomacia". Su argumento toca un punto sensible: la Casa Blanca autorizó temporalmente la venta de petróleo ruso que estuviese en altamar antes de mediados de marzo, lo que Zelenski calculó beneficia a Moscú con 10.000 millones de dólares por la venta de 12 millones de toneladas. "Cada dólar pagado por el petróleo ruso es dinero para la guerra", escribió en redes sociales.

Kiev no se quedó de brazos cruzados. El Estado Mayor ucraniano reivindicó un ataque contra la fábrica Atlant Aero en Taganrog, ciudad a unos 55 kilómetros al este de Ucrania que controla Rusia. Según los militares de Kiev, sus drones provocaron un incendio en la planta que diseña y produce drones de ataque y reconocimiento, además de componentes para vehículos aéreos no tripulados más potentes, capaces de transportar bombas guiadas de hasta 250 kilos. Las autoridades rusas confirmaron el ataque pero sin mencionar específicamente la fábrica: el gobernador regional Yuri Slyusar reportó tres heridos y varios almacenes incendiados, mientras la alcaldesa Svetlana Kambulova agregó daños a empresas comerciales, una escuela de formación profesional y varios vehículos.

La escalada de ataques aéreos muestra cómo ambas potencias buscan golpear la capacidad industrial y logística del adversario. El ministerio de Defensa ruso sostuvo haber derribado 274 drones ucranianos durante esa noche, junto con bombas guiadas y un misil Neptuno de fabricación ucraniana, aunque no especificó cuántos objetivos fueron efectivamente alcanzados. Paralelamente, las autoridades rusas informaron que lograron extinguir el incendio en el puerto de Tuapse, en el mar Negro, provocado días antes por un ataque ucraniano con drones.

La guerra de attrición aérea continúa mientras civiles siguen pagando el precio más alto. El domingo, el papa León XVI condenó la intensificación del conflicto ucraniano durante una misa a las afueras de Luanda, Angola, pidiendo que "las armas callen y se siga el camino del diálogo" ante una congregación de alrededor de 100.000 personas. Su llamado refleja la preocupación global por una guerra que muestra pocas señales de desescalada.

Fuente original: France 24 - Europa

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