Asesinado en Barranquilla joven con raíces guajiras; su hermano quedó gravemente herido
Alberto Mario Barros Palmett, de 29 años, fue asesinado a bala el miércoles 17 de junio en el barrio San Felipe de Barranquilla. Su hermano Romario resultó gravemente herido en el mismo ataque. Ambos estudiaban en la Universidad Autónoma del Caribe y tenían vínculos familiares con La Guajira. Las autoridades investigan si el crimen está relacionado con una serie de ataques ocurridos en la ciudad o si fue producto de una confusión.
Un disparo que cambió todo en segundos. Así fue como Alberto Mario Barros Palmett, de 29 años, perdió la vida el miércoles a la 1:30 de la tarde en el barrio San Felipe, en el suroccidente de Barranquilla. El joven estaba dentro de un vehículo junto a su hermano cuando un hombre armado se acercó, los sorprendió y abrió fuego sin tregua. Alberto Mario no sobrevivió. Su hermano Romario, también víctima de los disparos, fue llevado a un centro médico donde permanece bajo atención en condición reservada por la gravedad de sus heridas.
La noticia golpea más fuerte cuando se conoce que ambos hermanos eran estudiantes de la Universidad Autónoma del Caribe. En el círculo académico y familiar ya circulan preguntas sin respuesta. ¿Por qué ellos? ¿Quién fue el responsable? De momento, las autoridades barranquilleras no han entregado claridad sobre los motivos del ataque ni han comunicado capturas relacionadas con el caso.
Los investigadores están explorando varias líneas. Una de ellas sugiere que el homicidio podría estar conectado con una serie de ataques a bala registrados entre el martes y miércoles en Barranquilla. Pero también manejan la hipótesis de que todo pudo haber sido producto de una confusión. Lo cierto es que ninguna de estas versiones ha sido confirmada oficialmente.
Lo que sí se sabe es que Alberto Mario y Romario Barros llevaban consigo la herencia familiar guajira. Descendientes de familias reconocidas en La Guajira, mantenían vínculos estrechos con el departamento. Su conexión con apellidos como Chito, Compa y Gabi, allegados al Clan Daza, amplifica la preocupación en sus redes cercanas tanto en la costa caribeña como en la región wayuu.
Mientras la investigación avanza en Barranquilla, la familia espera respuestas. Un crimen sin aclarar, un joven sin justicia y un hermano luchando en cama de hospital. La ciudad y La Guajira observan qué hace la institucionalidad para esclarecer esta tragedia.
Fuente original: La Guajira Hoy



