Ana Bejarano denuncia acoso en la Corte Constitucional y abre debate sobre silencio en instituciones

La abogada Ana Bejarano relató en una columna su experiencia de acoso cuando trabajaba como auxiliar en la Corte Constitucional, exponiendo dinámicas normalizadas en espacios de poder. Su testimonio coincide con denuncias recientes en medios como RTVC y Caracol Televisión, evidenciando un patrón: las mujeres callan por miedo a represalias y consecuencias en sus carreras. Periodistas y profesionales coinciden en que estos casos no son nuevos, pero ahora buscan que la vergüenza cambie de bando.
Un tema que lleva décadas acechando a Colombia volvió a ocupar el centro de la conversación pública. La abogada y profesora Ana Bejarano compartió en el portal Los Danieles su experiencia de acoso cuando trabajaba como auxiliar en la Corte Constitucional, abriendo una grieta importante en el muro del silencio que rodea estas conductas en instituciones poderosas.
Bejarano describió cómo, al inicio de su carrera, se encontró en un almuerzo que parecía ser una oportunidad profesional con un magistrado que decía conocer a su familia. Lo que comenzó como una conversación derivó en insinuaciones incómodas y una propuesta explícita de estar "a solas". Aunque ella se alejó del funcionario, el episodio dejó cicatrices: cambió sus rutinas, evitó espacios comunes y, junto a una colega, diseñó estrategias para esquivarlo. "Me sentí ridícula", escribió, capturando una reacción que muchas mujeres reconocerán instantáneamente.
Lo más importante de su testimonio no es la anécdota personal, sino lo que reveló sobre la cultura institucional. Dentro de la Corte Constitucional existía incluso un término para normalizcar estas prácticas: "judicantear", una palabra que describe relaciones íntimas entre funcionarios de alto nivel y practicantes, frecuentemente marcadas por desigualdad de poder. Bejarano subraya que el problema no es que casos aislados ocurran, sino que existe una estructura que los permite. Un estudio de USAID en 2020 documentó que estas conductas no eran excepciones, sino parte de una cultura organizacional sistemática.
El testimonio de Bejarano llega en un momento donde otras voces se animan a hablar. Más de 40 periodistas, escritoras y abogadas firmaron un comunicado denunciando un presunto patrón de intimidación contra mujeres que han acusado a Hollman Morris, actual director de RTVC, de acoso sexual. El caso de Lina Castillo es paradigmático: ella denunció a Morris en 2019 por comportamientos inapropiados, y años después él la denunció por injuria y calumnia, un movimiento que muchos consideran disuasivo para otras posibles denunciantes.
Caracol Televisión también se vio envuelta en denuncias similares, activando protocolos internos tras acusaciones de acoso. La respuesta del canal desató reacciones entre periodistas que coincidieron en algo crucial: esto no es nuevo. Catalina Botero recordó que muchas mujeres no denunciaron por miedo a cerrar puertas profesionales. Mónica Rodríguez señaló que el miedo a no ser creídas fue determinante. Laura Palomino enfatizó que denunciar debe verse como proteger el oficio, no como traición.
Lo que une a la Corte Constitucional, RTVC y Caracol Televisión es un hecho incómodo: en espacios donde hay jerarquías marcadas y concentración de poder, el silencio es casi inevitable. Las mujeres cargan con las consecuencias emocionales y profesionales, y en contextos vulnerables esa carga puede ser la razón para quedarse callada.
Bejarano cierra su reflexión con una frase que resume el momento: que se acabe el silencio y que la vergüenza cambie de bando. Eso es lo que están pidiendo ahora decenas de mujeres en Colombia. No hablan de casos extremos o violencia descarnada, sino de estructuras que durante años permitieron que conductas inapropiadas persistan, protegidas por el miedo y la complicidad.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



