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América Latina necesita una reforma impositiva urgente para mantener sus avances sociales

Fuente: BBC Mundo - Economía

La región sacó de la pobreza a 56 millones de personas en la última década gracias al crecimiento económico, pero ahora ese crecimiento se desacelera y los programas sociales que lo acompañaban enfrentan un problema: están montados sobre una base impositiva deficiente y regresiva. Los expertos advierten que sin una reforma tributaria profunda, los logros sociales podrían desaparecer. El desafío es político tanto como técnico: cambiar un sistema donde la mayoría de impuestos recae en el consumo de la gente pobre, mientras los ricos esquivan tributos.

América Latina llega a una encrucijada. Durante los últimos doce años, la región experimentó lo que parecía un milagro económico: el crecimiento permitió que 56 millones de personas salieran de la pobreza y los gobiernos pudieron financiar programas de asistencia social sin precedentes. Pero esa "década dorada" terminó. En 2014, la CEPAL tuvo que reducir sus proyecciones de crecimiento regional del 2,7% al 2,2%, un declive aún más evidente si se lo compara con el promedio del 3,7% que se logró entre 2002 y 2012, incluso durante la crisis financiera de 2008.

El problema es que los logros sociales de estos años descansan sobre bases débiles. Según los economistas de la CEPAL Juan Pablo Jiménez y Andrea Podestá, "En sociedades con una desigualdad tan fuerte como América latina, no basta con redistribuir con programas de gasto social. Se necesita una reforma impositiva que garantice una mayor equidad en la distribución del ingreso". Sin esa reforma, el dinero para financiar los programas de ayuda simplemente no estará disponible cuando el crecimiento se ralentice.

El sistema tributario de América Latina funciona al revés de como debería. En la mayoría de países, los impuestos que generan más recaudación son los indirectos, aquellos cobrados sobre el consumo: cuando compras algo, el impuesto ya viene incluido. El problema es que estos impuestos afectan igual al rico que al pobre, al que gana mucho que al que gana poco. En cambio, los impuestos directos (sobre la renta, las ganancias y la riqueza) son apenas una tercera parte de la recaudación regional y estos sí pueden diseñarse para que quien más tiene, más pague. Compare esto con países nórdicos como Noruega, Suecia y Dinamarca, donde la relación es exactamente la opuesta, y donde el resultado son sociedades mucho más cohesionadas con mayores recursos para servicios públicos.

A esta estructura injusta se suma un flagelo crónico: la evasión fiscal. Empresas y ciudadanos adinerados simplemente no pagan lo que deben. Un estudio sobre Argentina entre 2002 y 2012 mostró que cuando se contabilizaban los fondos fugados a paraísos fiscales, la desigualdad medida por el índice de Gini empeoraba dramáticamente, pasando de 0,42 a 0,49 puntos. El economista Jorge Gaggero explicó que la evasión ocurre en todos los frentes: "Se da tanto en los impuestos indirectos, al consumo, en los comercios por ejemplo, como en los directos, a las empresas nacionales y multinacionales y a las personas. Hay una baja conciencia cívica al respecto".

La brecha con el resto del mundo es abismal. En los 18 países de América Latina se recauda entre el 18% y el 20% del producto interno bruto en impuestos, mientras que en la Unión Europea es del 35%, en la Eurozona del 44% y en países escandinavos supera el 45%. Hubo avances: la recaudación aumentó en 13 de los 18 países latinoamericanos entre 2009 y 2012, pasando de 18,9% a 20,7% del PIB, parcialmente gracias a gobiernos de izquierda que gravaron más fuertemente la explotación de recursos naturales. Pero sectores como la minería prácticamente no pagaron impuestos adicionales, a excepción de Bolivia bajo el gobierno de Evo Morales.

Los obstáculos para avanzar son principalmente políticos. Como señala José Natanson, "El impuesto al consumo es mucho más difuso, uno lo paga sin darse cuenta, porque están cargados sobre cualquier servicio o producto. En el impuesto directo se ve en el recibo de sueldo la extracción que va para el estado lo que genera más resistencia, aunque en realidad uno pague mucho más de impuestos con el consumo". Esto significa que aumentar impuestos directos genera protestas visibles, mientras que los impuestos al consumo que ya afectan a la mayoría pasan desapercibidos.

Gaggero advierte que se necesitan "coaliciones muy fuertes que den continuidad en el tiempo a las reformas porque los mandatos que tienen los gobernantes son cortos y un cambio como este, que presenta importantes retos técnicos, requiere continuidad". El desafío es aún más complejo porque multinacionales usan sofisticadas maniobras legales a través de paraísos fiscales para pagar menos impuestos. Según un estudio del PNUD, si no se avanza en esta reforma, los avances sociales de la última década podrían desvanecerse. La pregunta que enfrenta la región no es si hay que cambiar el sistema tributario, sino si la élite política tiene la voluntad para hacerlo.

Fuente original: BBC Mundo - Economía

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