Amaranta Hank: de falsificar cédulas en la frontera a candidata al Senado por el Pacto Histórico

Alejandra Omaña, conocida como Amaranta Hank, aspira a una curul en el Senado con una agenda enfocada en justicia, salud y autonomía corporal. EL COLOMBIANO accedió a videos donde ella narra episodios de su pasado en Norte de Santander, incluyendo trabajo en falsificación de documentos y relaciones con hombres vinculados a actividades ilícitas. La candidata describe cómo la violencia de la frontera marcó su adolescencia, pero encontró un quiebre en la universidad y en la escritura de su libro "Relatos de frontera".
Amaranta Hank llega a la contienda electoral como candidata al Senado por el Pacto Histórico con una propuesta política que pivota en torno a la justicia, la salud, la libertad y la igualdad. Su campaña busca cuestionar el machismo enquistado incluso en espacios progresistas y defender lo que ella llama "recuperar la autonomía sobre el cuerpo y el derecho a vivir el placer sin culpa". Pero detrás de esta figura pública de escritora, periodista y creadora de contenido, existe un pasado que, al parecer, ella habría preferido dejar en el olvido digital.
El medio EL COLOMBIANO tuvo acceso a varios videos en los que Hank relata con crudeza episodios de su vida transcurrida en Cúcuta y Villa del Rosario. En esas grabaciones, la candidata no se detiene a maquillarse el pasado. "El primer trabajo que yo tuve fue falsificando documentos, falsificaba cédulas venezolanas. Y luego, más adelante, fue que fui a parar a esta discoteca, y más adelante de eso, fui la novia durante casi tres años de un hombre bastante peligroso", relata sin rodeos en uno de esos clips. Estos videos estaban originalmente publicados en una cuenta de Instagram llamada @amarantafilmscom, que ha desaparecido junto con otros perfiles donde compartía detalles de su vida.
La frontera, ese territorio donde la legalidad es casi un lujo, marcó profundamente su juventud. Hank explica que buscaba protección en hombres considerados peligrosos, una lógica de supervivencia en contextos donde la violencia era cotidiana. "Sentía que tenía la necesidad de que alguien me cuidara y tenía que buscar al más fuerte para que el más fuerte me cuidara, y quizás por eso hoy cuento la historia, y los demás están en esas lápidas en Villa del Rosario, porque siempre busqué al más fuerte, al más malo, al que más le tuvieran miedo", relata en los videos a los que accedió este diario. Durante casi tres años mantuvo una relación con un hombre que describe como "bastante peligroso", en la frontera entre Colombia y Venezuela.
Pero el dolor de su adolescencia fue más profundo que la inseguridad del territorio. La muerte de su padre dejó una herida que condicionó sus decisiones. Su rechazo a que su madre rehiciera su vida la llevó a comportamientos agresivos, incluido un incidente donde intentó golpear a la nueva pareja de su progenitora. Ese acto, que resultó en una denuncia en su contra, terminó siendo un punto de quiebre: "Golpeaba a mis compañeros de colegio, tenía muchos problemas en mi casa, era grosera con mi mamá, y mi mamá en ese entonces tuvo un novio, y yo no quería aceptar que mi mamá tuviese un novio porque, pues, yo simplemente la había visto con mi papá. Entonces, verla con otro hombre para mí era durísimo. Me metí con ese tipo a su casa, quería golpearlo", recuerda. Paradójicamente, el hombre denunciado insistió en que Amaranta recibiera atención psicológica, un gesto que ella hoy reconoce como "una muy buena jugada". Fue así como recibió su primer diagnóstico de depresión y comenzó tratamiento con un psiquiatra.
La universidad le permitió ver su realidad con otros ojos. En una clase de Filosofía de la Comunicación comprendió que su vida en la frontera no era normal, que ver cuerpos con los "sesos fuera" desde la ventana o ver a amigos terminar en hornos crematorios antes de los 20 años no era el destino inevitable de todos. Escritores como Charles Bukowski se convirtieron en salvavidas emocionales: ella describe al autor como quien la rescató del suicidio en más de una ocasión. Esa transformación desembocó en "Relatos de frontera", su libro que funcionó como catarsis, pero también como denuncia.
Sin embargo, contar la verdad tuvo su costo. Fue señalada como "sapa" por quienes alguna vez fueron cercanos y recibió amenazas de muerte que la obligaron a dejar Cúcuta. Cuando EL COLOMBIANO intentó obtener respuesta de Amaranta Hank sobre estos videos y la desaparición de su cuenta de redes, la candidata no respondió antes del cierre de esta edición.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



