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¿Acuerdo nacional con quién? El debate que expone la tensión entre inclusión y exclusión política

Fuente: Periódico La Guajira

Un mensaje de Iván Cepeda en redes sociales que cuestionaba por qué quienes discrepan con su visión no se iban del país generó una reflexión más profunda: ¿qué espacio tienen los opositores dentro de un supuesto acuerdo nacional? La columna cuestiona si es posible construir un verdadero pacto incluyente mientras se envían señales de exclusión a quienes piensan diferente.

Algunos mensajes en las redes sociales pasan desapercibidos en horas. Otros, sin intención de sus autores, terminan develando cómo se entiende el poder en este país. Así ocurrió cuando Iván Cepeda preguntó públicamente a quienes no comparten su visión de Colombia por qué no se marchaban del territorio nacional. Probablemente creyó estar lanzando una provocación al vuelo, pero terminó exponiendo una contradicción que va mucho más allá: la que existe entre el discurso de un Acuerdo Nacional y la forma como parece concebirse a quien piensa distinto.

La pregunta que vale la pena formularse con toda seriedad es esta: acuerdo con quién. Los acuerdos auténticos no nacen entre quienes piensan igual, porque para eso no hay nada que negociar. Los acuerdos existen justamente porque hay diferencias. Surgen porque visiones distintas de país reconocen el derecho de la otra parte a existir, a opinar y a participar en igualdad de condiciones. En esa diferencia está la esencia misma de cualquier pacto que merezca ese nombre.

Por eso resulta desalentador que desde sectores que hablan constantemente de reconciliación, inclusión y construcción colectiva emerjan mensajes que parecen sugerir que quienes no comparten ciertas ideas simplemente deberían apartarse del camino. Colombia es una nación plural. Millones de ciudadanos no comulgan con las tesis de la izquierda. Otros tantos discrepan con la derecha. Hay quienes se ubican en el centro, cambian de parecer y participan del debate democrático sin aceptar dogmas de ningún sector. La pregunta incómoda es inevitable: ¿también ellos sobran? ¿Están afuera del supuesto acuerdo?

Lo que dicen los líderes políticos importa porque anticipa cómo conciben el ejercicio del poder. Revela si ven al adversario como un interlocutor legítimo o como un obstáculo. Muestra si la política es para ellos una competencia permanente de ideas o un proceso de adhesión obligatoria. Los ciudadanos saben, a menudo por experiencia propia, que cuando una parte de la sociedad comienza a ser tratada como si su opinión tuviera menos valor que la de los demás, la confianza se resquebraja. Y sin confianza, ningún proyecto prospera.

El verdadero interrogante no es quién ganará o perderá una elección. En democracia todos debemos estar preparados para aceptar el resultado de las urnas. La pregunta que realmente importa es otra: ¿qué lugar tendrán dentro del proyecto político propuesto los millones de colombianos que no comparten esa visión? Porque un país puede sobrevivir a un mal gobierno, pero difícilmente sobrevive a la idea de que una parte de sus ciudadanos sobra.

La paradoja es evidente. Se habla de Acuerdo Nacional mientras se descalifica a quienes discrepan. Se invoca la inclusión mientras se envían mensajes de exclusión. Se reclama pluralismo mientras se cuestiona la legitimidad del disenso. Quienes pensamos diferente no tenemos por qué irnos, no porque seamos mayoría o minoría, sino porque esta también es nuestra patria. La hemos construido, sufrimos sus crisis y celebramos sus triunfos. Tenemos derecho a participar en definir su futuro. Colombia será más fuerte cuando quienes pensamos diferente sigamos reconociéndonos como compatriotas. Ningún acuerdo nacional que exija renunciar al derecho de disentir merece ese nombre. Eso no es un acuerdo. Es una orden.

Fuente original: Periódico La Guajira

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