Accidente en pruebas del fusil Jaguar sacude proyecto de armas nacionales del Gobierno

Dos fusiles Jaguar explotaron durante pruebas en Cundinamarca, dejando dos militares heridos. El incidente cuestiona la viabilidad del ambicioso plan presidencial de reemplazar importaciones de armas con producción nacional de Indumil. Expertos advierten sobre falta de capacidad instalada, problemas financieros y riesgos reputacionales para el proyecto.
El sueño del presidente Gustavo Petro de equipar las Fuerzas Militares y la Policía con fusiles fabricados en Colombia recibió un golpe duro el fin de semana. Dos armas Jaguar, el nuevo fusil desarrollado por la Industria Militar Colombiana (Indumil), explotaron durante ejercicios de validación en el Centro Nacional de Entrenamiento ubicado en Nilo, Cundinamarca. Dos uniformados resultaron lesionados en el incidente ocurrido entre el 14 y el 16 de mayo. Indumil reportó que "durante el desarrollo de las pruebas, en dos de los fusiles evaluados se presentó una liberación no controlada de gases asociada a condiciones de cierre mecánico no óptimas". Las lesiones fueron superficiales y los heridos recibieron atención médica en el dispensario de la unidad, pero el accidente dejó al descubierto problemas de diseño en el sistema de cierre del cañón.
El Jaguar fue presentado con bombos y platillos hace apenas una semana por Petro, quien pidió explícitamente a las Fuerzas Militares desarrollar un arma que no solo sirviera internamente, sino que pudiera exportarse como fusil de uso general. La Policía Nacional, que había adquirido recientemente fusiles alemanes Sig Sauer, se convirtió en el punto de mira de las críticas presidenciales. El objetivo es ambicioso: reemplazar los actuales fusiles israelíes y estadounidenses, particularmente el Galil del cual hay aproximadamente 400.000 unidades en el arsenal nacional.
Sin embargo, el proyecto enfrenta obstáculos que van más allá de lo técnico. Gustavo Niño, exviceministro de Defensa, cuestionó públicamente la viabilidad del plan, preguntándose si Indumil realmente puede producir más de 600 cañones mensuales y las miras de precisión que requiere el arma. Su crítica fue más dura al señalar que la empresa estatal ha sufrido un desplome financiero del 36 por ciento bajo la administración actual, pasando de una utilidad neta de 144 mil millones a solo 91 mil millones de pesos en un año.
El experto en seguridad Erich Saumeth, quien conversó con EL COLOMBIANO sobre los incidentes, explicó que probablemente se trata de "una falla de diseño en la recámara o en la unión de la recámara con el cañón". Lo más preocupante es que Indumil no fabrica los cañones localmente, sino que los importa de Israel o Estados Unidos por falta de maquinaria especializada, algo similar a lo que ocurre con las miras tácticas.
El accidente genera un daño reputacional difícil de reparar. Saumeth advirtió que aunque el rediseño sea exitoso, los futuros compradores internacionales tendrán dudas sobre la seguridad del arma. El Gobierno tendrá que invertir recursos adicionales en pruebas exhaustivas bajo condiciones extremas para recuperar la confianza. Además, el prototipo necesita aprobación de las Fuerzas Militares y la Policía antes de autorizar la producción en masa, un proceso que ahora tomará más tiempo.
Para el experto, el objetivo presidencial de independizarse de las importaciones de fusiles es "un problema incumplible" porque Indumil carece de la infraestructura para producción a gran escala. Aunque modernizar el arsenal es una idea valiosa, no puede acelerarse por decisiones políticas. "El desarrollo de un arma requiere al menos dos años", sentenció Saumeth, lo que sugiere que el Jaguar está todavía lejos de convertirse en la solución que el Gobierno promete.
Fuente original: El Colombiano - Colombia


