Abstencionismo y voto útil: los dos enemigos silenciosos de la democracia colombiana

Casi la mitad de los colombianos habilitados para votar no van a las urnas, un problema estructural que fortalece a grupos organizados. Ahora se suma otro fenómeno: el voto útil o estratégico, donde los ciudadanos dejan de lado sus preferencias reales para votar por quien creen que "sí puede ganar". Candidatos moderados como Fajardo, Valencia y López advierten que los electores están siendo manipulados por encuestas y piden que voten por convicción, no por miedo.
En Colombia sucede algo preocupante: aproximadamente la mitad de quienes pueden votar simplemente no lo hacen. Desconfianza en los políticos, la creencia de que nada cambia sin importar quién llegue al poder, o puro cansancio de la política son las razones que la gente esgrima. Lo cierto es que el abstencionismo se ha convertido en un rasgo permanente de nuestras elecciones.
Las cifras lo demuestran. En las legislativas de este año, la abstención fue del 49,38 por ciento, apenas una pequeña mejoría frente al 51,25 por ciento de 2022. Incluso en las presidenciales de 2022, cuando la polarización y la expectativa de cambio movilizaron más gente a las urnas, todavía se abstuvo el 41,83 por ciento. El resultado es paradójico: Gustavo Petro ganó con 11,2 millones de votos, la cifra más alta en la historia, pero el censo electoral superaba los 39 millones de personas. Es decir, el presidente más votado de la historia reciente fue elegido apenas por poco más del 28 por ciento de quienes tenían derecho a votar.
Esto genera un efecto perverso. Cuando millones de colombianos se quedan en casa, los grupos altamente organizados adquieren una influencia desproporcionada. Las máquinas electorales regionales, los partidos disciplinados y las estructuras clientelistas se vuelven más poderosas porque sus votos representan un porcentaje mucho mayor del total. Como dice el dicho entre expertos electorales: no votar también es una decisión política. Es dejar que otros elijan por usted.
La Registraduría, la Universidad de los Andes y la Misión de Observación Electoral han identificado las causas: desconfianza institucional, corrupción, falta de credibilidad en el Estado y violencia política. En regiones golpeadas por el conflicto, votar ha sido históricamente un acto riesgoso, atravesado por presiones de grupos armados. Además, los jóvenes participan mucho menos que los adultos mayores, y las ciudades tienen tasas diferentes a las zonas rurales.
Pero ahora hay otro fenómeno creciendo en las sombras: el llamado voto útil. No es nuevo en la ciencia política, pero se intensifica en épocas de polarización. Ocurre cuando un ciudadano deja de votar por quien realmente prefiere y elige al candidato que considera "más viable para ganar" o que pueda impedir la victoria de alguien que rechaza. En otras palabras: se vota por cálculo, no por convicción.
El politólogo de la Universidad Javeriana Manuel Camilo González lo describe así: "Más que voto útil, que igual existe, veo un voto con identidad negativa. Es decir, voto por cualquiera menos por tal candidato, que casi siempre son los extremos". Los candidatos que generan mayor rechazo en las encuestas son Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, paradójicamente los que van adelante. Esto hace que muchos electores abandonen sus preferencias genuinas y se unan a quien crean que puede detener al candidato que más temen.
Las encuestas juegan un papel crucial en este fenómeno. En elecciones polarizadas, dejan de ser simples mediciones y se convierten en moldeadores del comportamiento electoral. Cuando un candidato es visto como "sin opción", sus votantes potenciales migran hacia opciones consideradas más competitivas. Esto ya pasó en 2018 con Sergio Fajardo, quien quedó fuera de la segunda vuelta por poco más de 250 mil votos. En 2022 sucedió algo similar cuando Rodolfo Hernández saltó en las encuestas y sectores que preferían a otros candidatos se movieron hacia él para enfrentar a Petro.
Precisamente por eso, las campañas de Paloma Valencia, Sergio Fajardo y Claudia López están lanzando mensajes en estos últimos días de la primera vuelta pidiendo a los electores que voten por convicción, no por miedo. Jennifer Pedraza, jefe de debate de la campaña de Fajardo, lo dice claramente: "La primera vuelta es el momento para expresar la identidad con la candidatura que a uno más le gusta e identifica". Y añade que "el mejor voto es el voto a conciencia. Es el voto que nos identifica con nuestros principios y con la idea de que Colombia no necesita 'útiles funcionales' que dividan al país y rompan los canales de diálogo en la sociedad".
La verdad es que como votante usted debería poder elegir libremente en primera vuelta. Aunque las encuestas son solo fotografías de un momento, no cuentan la historia completa ni predicen con certeza lo que sucederá. El reto ahora es romper con la apatía que produce el abstencionismo y resistir la tentación de votar por miedo. Ambas cosas están atrapando a la democracia colombiana en un círculo que empobrece la política y reduce el espacio para voces moderadas. La única salida es que usted se levante y vote por quien realmente cree que es mejor para el país.
Fuente original: El Colombiano - Colombia
