Abelardo de la Espriella trepa en encuestas: ¿qué hay detrás de su repentino crecimiento político?

Un país cansado de promesas repetidas y protagonistas de siempre está volcándose hacia la figura de Abelardo de la Espriella, quien sube vertiginosamente en las mediciones electorales. Su discurso directo sobre seguridad, su manejo inteligente de redes sociales y su imagen de hombre ajeno a la política tradicional lo posicionan como alternativa ante el desencanto colectivo. El fenómeno refleja más el estado de ánimo inconforme de una sociedad que busca liderazgos fuertes que una apuesta programática tradicional.
Colombia vive uno de esos momentos políticos donde el elector está de verdad cansado. Cansado de escuchar los mismos discursos, las mismas promesas incumplidas y los mismos personajes de siempre. En ese contexto de fastidio generalizado, la figura de Abelardo de la Espriella ha comenzado a crecer de forma acelerada en las encuestas, despertando simpatías en sectores que hace poco tiempo miraban con indiferencia el panorama electoral del país.
Este repunte no puede explicarse solo como un fenómeno político convencional. El crecimiento de De la Espriella responde, en buena medida, al profundo desencanto que sienten muchos colombianos frente a la inseguridad, la crisis económica y la sensación de que las instituciones se debilitan. Hay una búsqueda urgente de un liderazgo fuerte, sin rodeos y sin ambigüedades. Y precisamente esa es la imagen que ha proyectado el reconocido abogado barranquillero durante años.
Su capacidad para manejar los medios juega un papel fundamental en este ascenso. De la Espriella ha demostrado inteligencia comunicacional, aprovechando redes sociales y espacios públicos para posicionar mensajes contundentes que, aunque polémicos, resultan efectivos para captar atención en un país donde la política se ha convertido también en espectáculo. Sus intervenciones suelen viralizarse rápidamente por su tono vehemente y directo.
Su discurso frontal contra la delincuencia y el crimen organizado ha resonado con fuerza en una ciudadanía golpeada por la violencia y la presencia de grupos armados ilegales. Mientras otros candidatos optan por discursos moderados o excesivamente técnicos, él conecta emocionalmente con la indignación de millones que creen que el Estado ha perdido autoridad. Utiliza un lenguaje sencillo y accesible, fácil de entender y emocionalmente contundente, lo que facilita que amplios sectores se identifiquen con sus planteamientos.
Un factor importante es que muchos votantes lo perciben como un político ajeno a la maquinaria tradicional. Aunque ha estado cerca de figuras influyentes, no carga con el desgaste de haber ocupado cargos públicos de elección popular. Eso le permite vender una imagen de independencia que contrasta con la desconfianza generalizada hacia los partidos tradicionales. Su experiencia como abogado de casos de alto perfil le dio reconocimiento nacional y lo posicionó como un litigante combativo y mediático, características que ahora traslada al escenario político.
En tiempos de polarización, los liderazgos claramente definidos suelen crecer con rapidez. De la Espriella no busca ubicarse en el centro ni disimula sus posiciones ideológicas; habla con claridad sobre seguridad, justicia y autoridad. Esa definición le permite consolidar una base electoral sólida. Existe además un fenómeno emocional alrededor de su figura: muchos ciudadanos sienten que dice públicamente lo que otros políticos guardan por cálculo electoral. Esa sensación de autenticidad, más allá de si se comparta su visión, genera conexión con sectores cansados del lenguaje diplomático y ambiguo de la clase dirigente.
Su crecimiento también responde al vacío de liderazgo que enfrenta actualmente la derecha colombiana. Muchos ciudadanos que no se sienten representados por la izquierda ni por los partidos de siempre buscan una figura que encarne oposición firme al actual gobierno, y De la Espriella está ocupando ese espacio. El fenómeno no es único: en distintas partes del mundo, el temor por la economía y la seguridad ha impulsado candidaturas de mano dura. En Colombia, muchos asocian autoridad con estabilidad. Sin embargo, su crecimiento genera críticas. Sus detractores consideran que su discurso puede profundizar la polarización y resulta excesivamente confrontacional. Pero incluso esas controversias le favorecen, porque en la política actual la polémica también construye liderazgo.
Lo que reflejan las encuestas, más que el crecimiento de un candidato, es el estado de ánimo de un país inconforme, asustado y cansado. Es el síntoma de una sociedad que clama por respuestas rápidas y liderazgos fuertes frente a una realidad que se siente cada vez más compleja. Aún falta camino hacia las elecciones y las dinámicas pueden cambiar, pero lo cierto es que Abelardo de la Espriella ya dejó de ser una simple posibilidad mediática para convertirse en un actor que comienza a disputar de verdad la atención y la esperanza de una parte importante del electorado colombiano.
Fuente original: Guajira News
