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Abelardo de la Espriella: el abogado que quiere ser presidente

Fuente: El Colombiano - Colombia
Abelardo de la Espriella: el abogado que quiere ser presidente
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Detrás del litigante polémico hay un hombre de familia, empresario y melómano que pasó de ser ateo a creyente tras la muerte de su tía durante la pandemia. Acumula un patrimonio de alto perfil que incluye propiedades en varias ciudades y un portafolio de negocios variado. Su estrategia de campaña rompe esquemas tradicionales con eventos espectáculo y uso agresivo de redes sociales, mientras su equipo incluye políticos de diversos espectros ideológicos.

Abelardo de la Espriella es mucho más que el abogado litigante que los colombianos conocen por sus casos sonados. En su círculo íntimo lo describen como un hombre profundamente familiar, disciplinado y con una visión empresarial de casi todo lo que toca. Cuando celebró su éxito en primera vuelta, solo lo rodeaban su familia y amigos cercanos. Nació en Bogotá pero creció en Montería, donde su padre, un liberal y lector voraz, llegó como diputado. Desde ahí heredó ese carisma caribeño que lo caracteriza: con esa gracia natural para desactivar cualquier situación complicada con buen humor.

Su trayectoria ha sido de transformaciones continuas. Fue abogado penalista, luego empresario, y ahora aspira a la presidencia como un "outsider" que promete cambios. Aprendió a leer desde muy pequeño y siempre tuvo algún emprendimiento entre manos. Esto refleja lo que quienes lo conocen destacan: una persona ordenada que se proyectó en grande desde joven. Sus hobbies revelan a alguien sofisticado: adora el vallenato de Diomedes Díaz, Poncho Zuleta e Iván Villazón, y es amigo de Silvestre Dangond. Escucha salsa colombiana, particularmente al Grupo Niche y Joe Arroyo. Tiene incluso un canal de YouTube con videos de canciones producidos profesionalmente. Su pasión literaria coincide con la del presidente Petro en un punto: ha leído "Cien Años de Soledad" más de diez veces. Fue crítico con la adaptación de Netflix, diciendo que no capturó la esencia que él, como conocedor del Caribe, esperaba.

La personalidad de De la Espriella gira alrededor de una frase que resume su filosofía: "Yo tengo una visión de la vida bien interesante, y es que lo importante no es participar sino ganar". Esto explica su estilo de campaña revolucionario en Colombia: eventos que parecen espectáculos, mensajes dirigidos por redes sociales a públicos específicos, e incluso videos con inteligencia artificial. Todo lo ejecuta con disciplina casi empresarial. Antes de ser candidato desarrolló un portafolio que incluye ron, ropa, libros y música. Según reportes, acumuló un patrimonio considerable: un penthouse en Bogotá valorado en cerca de dos millones de dólares, propiedades en Cartagena, Córdoba y Coral Gables, un avión privado, una villa en Italia, una ronera y negocios que no siempre resultaron rentables.

Un giro importante en su vida ocurrió hace unos años cuando falleció Beatriz, hermana menor de su madre a quien criaba casi como hermana. Durante la pandemia del Covid-19, la pérdida lo sumió en depresión. Cuenta que pasó doce días sin hablar, algo inusual en él. Dice que sintió una calma durante la misa del funeral que cambió su perspectiva. Así pasó de ser ateo a convertirse en creyente. Según él, "entendí que la única forma de seguir conectado con ella era a través de Dios. Y entendí que la inteligencia viene del hombre, pero la sabiduría viene de Dios". Incluso se ha comparado con el rey persa Ciro, diciendo que quiere "liberar a mi pueblo de las cadenas de la corrupción y la violencia". La campaña incorporó una "Gerencia de la Fe" dirigida por pastores que convocan a sus congregaciones a orar por él y registrarse como testigos electorales.

En familia, De la Espriella se define como "ordenado, disciplinado y cariñoso". Está casado con Ana Lucía Pineda, administradora de empresas, madre de sus cuatro hijos: Salvador, Lucía, Filippo y Francesca. Describe a su esposa como su "pilar fundamental" y reconoce que ella impone las reglas en casa, aunque admite debilidad por su hija menor. En una entrevista recordó su infancia como "muy feliz", comparándola con la del Tom Sawyer de Mark Twain: "Me la pasaba en el río pescando, montado en los palos de mango, una infancia maravillosa, con un contacto con la naturaleza". Su padre le dejó el amor por la lectura y su madre, la capacidad de trabajo.

Su lado más polémico está en la defensa de criminales. A través de su firma De la Espriella Lawyers defendió al paramilitar Salvatore Mancuso, al estafador David Murcia, y a personajes como Boliche, Macaco y otros. También asesoró a miembros del clan Nule. Su argumento es que esa es la función de un litigante. Sin embargo, también lideró casos probono de gran importancia social: el del asesinato de Rosa Elvira Cely y el ataque con ácido contra Natalia Ponce de León. Impulsó la tipificación del feminicidio como delito autónomo y endurecimiento de penas para ataques químicos. Así que su legítima está dividida entre defender a criminales de cuello blanco y luchar por justicia para víctimas de crímenes atroces.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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