Abatido alias Marlon: el estratega que modernizó la guerra de las disidencias en el suroccidente

Las Fuerzas Militares abatieron el sábado a alias Marlon, Iván Jacobo Idrobo, considerado el segundo al mando de las disidencias de Iván Mordisco en el suroccidente colombiano. Su importancia radicaba en que controlaba casi dos terceras partes de los combatientes de esa facción, además de ser el cerebro detrás de una fábrica artesanal de drones que redujo costos de producción de 40 a 6 millones de pesos. Con su muerte, alias Rayo asume el comando de cerca de 3 mil combatientes distribuidos entre el Bloque Occidental y el Bloque Central.
La muerte de alias Marlon representa mucho más que la baja de un combatiente más en el conflicto armado colombiano. Según expertos consultados por EL COLOMBIANO, se trata del colapso del pilar que sostenía buena parte de las operaciones criminales de las disidencias lideradas por Iván Mordisco en el suroccidente del país. Iván Jacobo Idrobo, su verdadero nombre, fue abatido el pasado sábado en la vereda de San Isidro, jurisdicción de Buenaventura. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, informó que era responsable de al menos un centenar de hechos delictivos en la región y que llevaba más de dos décadas vinculado a las antiguas Farc.
Lo que hacía tan importante a Marlon no era simplemente su rango militar, sino su rol como gestor de un imperio delictivo altamente tecnificado. Bajo su mando directo operaban el Bloque Occidental con 2.617 combatientes y el Bloque Central con 385, sumando aproximadamente 3.000 hombres en armas. Esto representaba casi dos terceras partes de toda la fuerza de Mordisco, estimada en unos 4.200 combatientes. Gerson Arias, investigador de la Fundación Ideas para la Paz, explicó a EL COLOMBIANO que Marlon "no era un simple subordinado" sino más bien un socio con independencia operativa del jefe disidente. Entre el 70 y el 80 por ciento de los ataques armados en zonas críticas como Suárez, Jamundí y Corinto eran responsabilidad de sus estructuras.
El rasgo más distintivo de su liderazgo fue la innovación tecnológica aplicada al conflicto. Marlon estableció en el Cauca una fábrica artesanal de drones que revolucionó las capacidades de la organización. Mientras un dron comercial con capacidad de ataque cuesta alrededor de 40 millones de pesos, su estructura lograba fabricarlos por apenas 6 millones, dotándolos de capacidad para transportar hasta seis libras de explosivos. Arias señaló que "este avance permitió que el 60% de la actividad con drones de toda la facción de Mordisco —incluyendo ataques e inteligencia— se concentrara en sus bloques, logrando bajar equipos de la Fuerza Pública de altísimo valor con tecnología de bajo costo".
El registro de crímenes atribuidos a Marlon incluye el atentado con carro bomba en el barrio La Base de Cali en 2025, que dejó seis muertos y decenas de heridos. Por su captura existía una recompensa de 5 mil millones de pesos. También fue responsable de la matanza de seis militares en Buenos Aires en 2022, dos carrobombas contra subestaciones policiales en Jamundí en 2023 y ataques contra la base aérea Marco Fidel Suárez en Cali en 2024. Su historial criminal se extendía por años de terrorismo sistemático contra la población civil e instituciones de seguridad.
La trayectoria de Marlon muestra la paradoja de muchos combatientes de esa generación. Fue capturado en 2013 por rebelión, hurto y reclutamiento de menores. Después del acuerdo de paz de 2016, obtuvo libertad condicionada en 2017 como firmante del acuerdo con las antiguas Farc. Pero su compromiso con la paz fue efímero. A finales de 2018 regresó a la clandestinidad y escaló rápidamente de poder, convirtiéndose en máximo comandante del Bloque Occidental en 2023.
Su poder económico lo hacía prácticamente autónomo. Controlaba directamente las rentas de la minería ilegal y el narcotráfico en el suroccidente con vínculos directos a carteles mexicanos. No era Mordisco quien financiaba a Marlon; era Marlon quien enviaba hombres y recursos hacia regiones como Guaviare, Meta, Antioquia y Catatumbo para sostener las operaciones de toda la facción. En zonas como el Naya ejercía una "gobernanza criminal" basada en el flujo masivo de dinero para comprar lealtades comunitarias.
Ahora el mando pasa a Jaime Aguilar Ramírez, alias Rayo, quien hereda un imperio criminal tan tecnificado como violento. Rayo tiene casi cuatro décadas en la insurgencia y se consolidó como una figura estratégica dentro de las disidencias. Su experiencia en explosivos, adquirida en el Frente Primero donde se especializó en fabricación y manipulación de esos artefactos, lo convirtió en instructor de nuevas generaciones. También ha jugado un papel relevante en la incorporación de tecnología de drones a las operaciones disidentes. Sin embargo, hace poco fue expulsado de la Jurisdicción Especial para la Paz por incumplimientos en su proceso de reincorporación. Hoy es considerado uno de los hombres de mayor confianza de Iván Mordisco, heredando así el control de once grupos de disidencias operando principalmente en Cauca, Valle y Nariño.
Fuente original: El Colombiano - Colombia