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A los 80 años, Teresa vende flores en el cementerio y carga historias de dolor y resiliencia

Fuente: Telemedellín

Teresa es una vendedora de flores de 80 años que lleva desde 1988 en las puertas del Cementerio Museo San Pedro. La violencia le arrebató cinco de sus seis hijos, pero encontró en la venta de flores artificiales una forma de seguir adelante. Su trabajo varía según la época del año, pero mantiene una sonrisa a pesar de la tristeza que rodea su oficio.

En las puertas del Cementerio Museo San Pedro, mientras miles de personas llegan cada día a despedir a sus seres queridos, Teresa cumple su jornada vendiendo flores. A sus 80 años, esta mujer lleva más de tres décadas en el mismo lugar, atendiendo a quienes buscan un ramo para dejar junto a una tumba.

La periodista Catalina Marín decidió compartir un día en la vida de Teresa, una vendedora que carga una historia más profunda que la de simplemente comerciar flores. "Estoy en este lugar desde el 88", cuenta Teresa. Esa cifra marca no solo el tiempo que lleva en el cementerio, sino también un antes y un después en su vida. La violencia de esos años le quitó cinco de sus seis hijos. "Cuando los problemas de esa violencia que hubo con Pablo Escobar, que sacaban a los muchachos de las casas los milicianos, ahí me los mataron", relata con la crudeza de quien ha vivido lo inimaginable.

Su emprendimiento nació de la necesidad de seguir respirando después de tanto dolor. En lugar de flores naturales, Teresa eligió vender flores artificiales, una decisión práctica que tiene razonamientos simples: en varias galerías, osarios y cenizarios del cementerio no se permite la venta de flores naturales. Así que sus ramos de plástico se convirtieron en su forma de ganarse el pan.

Las ganancias varían según el día. "Hay días que en todo el día se venden dos o tres ramos como hay días en los que se pueden llegar a vender hasta 20 y 30 ramos, depende, por ejemplo, para la festividad de día de madres, de día de difuntos, de padres muertos o de madres muertas, se vende más", explica. Los domingos son sus mejores días, cuando más gente llega al cementerio. Pero sin importar cuántos ramos logre vender, Teresa mantiene algo intacto: su sonrisa.

Detrás de cada vendedor ambulante en Medellín hay una historia que pocos se toman tiempo para conocer. Historias de personas que pusieron su vida entera en la calle para sobrevivir. La de Teresa es apenas una de miles que merecen ser contadas, porque muestra cómo la vida puede prevalecer incluso cuando todo conspira en su contra.

Fuente original: Telemedellín

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