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7.837 muertos y 18.677 niños reclutados: el fracaso que va más allá de culpables

Fuente: El Isleño
7.837 muertos y 18.677 niños reclutados: el fracaso que va más allá de culpables
Imagen: El Isleño Ver articulo original

Un análisis sobre dos cifras que duelen: los falsos positivos judicializados por la JEP y el reclutamiento de menores por las antiguas Farc-EP. No se trata de competir entre víctimas, sino de reconocer que Colombia falló al no llegar primero con educación, oportunidades y esperanza a los territorios donde después llegó la guerra.

Hay dos números que los políticos no deberían usar como munición barata en campañas: 7.837 personas asesinadas y presentadas falsamente como bajas en combate, según la actualización de la JEP para el período 1990-2016, y 18.677 menores de edad reclutados por las antiguas Farc-EP entre 1971 y 2016. No son cifras que deban enfrentarse, como si una atrocidad justificara la otra. Son dos maneras distintas en que el país nos falló a todos.

Esos 7.837 debieron estudiar en una universidad pública, aprender un oficio, trabajar legalmente, llegar tarde a casa, molestar como hermanos menores, jugar fútbol los domingos. Tenían vidas por vivir, no expedientes judiciales. Y esos 18.677 niños no debieron cargar armas. Debieron estar en colegios, sembrando con sus padres, aprendiendo sus lenguas, heredando memoria y futuro, teniendo infancia en lugar de guerra.

La pregunta que duele es más profunda que quién disparó o quién los reclutó. Esas respuestas importan, tienen responsables y cadenas de mando. Pero la verdadera cuestión es otra: quién dejó vacíos tan grandes que permitió que los monstruos llegaran primero. El Estado no llevó escuela, tierra, justicia, caminos ni universidad a donde debía. No envió becas, médicos, maestros ni protección. Dejó que ciertos territorios fueran gobernados por el miedo.

Falló la élite mirando solo sus zonas cómodas. Falló la política convirtiendo la pobreza en cantera de votos. Falló la guerra al volver estrategia lo que era infancia. Y fallamos como sociedad el día que aprendimos a ver ciertas vidas como prescindibles. Los verdugos no vinieron de otro planeta: fueron muchachos pobres convertidos en soldados, campesinos en combatientes, ciudadanos en espectadores.

Colombia no solo produjo víctimas. También produjo las condiciones para fabricar a quienes las mataron. El país no se repara solo contando muertos, aunque haya que hacerlo con precisión. Se repara preguntando qué aula no se abrió, qué carretera no se hizo, qué niño fue visto demasiado tarde, qué joven fue tratado como sobrante.

La pregunta final no es cómo surgió el monstruo. Es qué país permitió que encontrara muchachos disponibles, menores solos y ciudadanos acostumbrados a no mirar. Antes de que llegaran los monstruos, debió llegar el país. Y no llegó.

Fuente original: El Isleño

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