30 años después resurge la polémica por la liberación secreta de Juan Carlos Gaviria

En 1996, Juan Carlos Gaviria fue liberado tras 72 días de cautiverio en manos de la guerrilla Dignidad por Colombia, pero ahora se revela que su rescate fue producto de un acuerdo secreto entre la familia Gaviria, la Policía Nacional, agentes cubanos y el comandante guerrillero 'Bochica'. El entonces presidente Ernesto Samper asegura que nunca fue informado de la negociación. La liberación generó críticas porque los secuestradores fueron enviados a Cuba sin ser juzgados, mientras cientos de colombianos permanecieron en cautiverio sin recibir el mismo trato.
Hace tres décadas, a comienzos de abril de 1996, Juan Carlos Gaviria desapareció en los alrededores de Pereira bajo circunstancias que por meses mantuvieron en vilo al país. Su automóvil apareció frente a un establecimiento con el motor encendido, sin rastro de lo que había sucedido. Durante 72 días, el arquitecto fue mantenido en un espacio minúsculo, enterrado en vida dentro de un clóset en algún lugar del Eje Cafetero. El sufrimiento fue tan brutal que tras ser liberado tardó tres meses para poder volver a caminar. Las secuelas emocionales lo marcaron de por vida: claustrofobia, miedo a la oscuridad y al silencio.
Lo que pocos sabían entonces era que detrás de esa liberación en junio de 1996 ocurría un entramado de negociaciones mantenidas en secreto. El responsable del secuestro era Hugo Antonio Toro Restrepo, alias 'Bochica', líder de la pequeña guerrilla marxista-leninista Dignidad por Colombia, quien planeaba y ejecutaba el operativo desde su celda en la cárcel La Picota de Bogotá. El verdadero objetivo de los secuestradores era raptar al expresidente César Gaviria, pero cuando eso resultó imposible, se llevaron a su hermano como represalia. Los captores exigían nada menos que la renuncia del presidente Ernesto Samper, amenazando con ejecutar a Juan Carlos si no cumplían.
Bajo esta presión extrema, César Gaviria movilizó todos sus contactos políticos. Envió a Ricardo Santamaría, un exembajador en Cuba, a La Habana con la misión de pedir ayuda directamente a Fidel Castro. En la isla, el líder revolucionario se comprometió a intermediar. Castro contactó a sus especialistas en asuntos de grupos armados colombianos y autorizó a dos emisarios, José Arbezú y José Luis Joa, para que viajaran a Colombia y negociaran con 'Bochica' en su celda. Esta participación cubana quedó registrada en las propias memorias de Castro sobre la paz en Colombia.
Mientras sucedía todo esto, el entonces teniente coronel Óscar Naranjo, director de inteligencia de la Policía, lideraba la investigación en Colombia. A través de un análisis de textos de los comunicados revolucionarios, logró identificar que el grupo responsable era el mismo que se conocía como Movimiento Jorge Eliécer Gaitán. Naranjo capturó a la cúpula de la organización, incluyendo a familiares de 'Bochica' y otros dirigentes guerrilleros. Con este cerco puesto, Naranjo presionó al comandante encarcelado proponiéndole un acuerdo: la vida de su hermano a cambio de que los secuestradores pudieran salir hacia Cuba con protección.
El 11 de junio de 1996, en la celda de La Modelo de Bogotá, ocurrió el encuentro decisivo. Arbezú, el agente cubano, negoció directamente con 'Bochica' mientras Naranjo vigilaba desde afuera. Tras horas de tensión, el guerrillero cedió al saber que su familia estaba detenida. Se sellaba así un pacto: Gaviria sería liberado a cambio de permitir que los miembros del grupo viajaran a Cuba sin ser procesados judicialmente.
Lo que sucedió después parece sacado de un thriller. Los guerrilleros bajaron a Gaviria del vehículo donde lo tenían encerrado, pero llegaron al aeropuerto armados hasta los dientes, amenazando con disparar si el acuerdo se rompía. Durante el vuelo hacia Bogotá en un bimotor King Air, uno de los secuestradores incluso sacó un arma escondida y la apuntó contra el general Rosso José Serrano, comandante de la Policía que viajaba con Gaviria. Tras momentos de pánico, lograron desactivar la amenaza. En El Dorado, los ocho miembros de la guerrilla fueron embarcados en un vuelo de Avianca hacia Cuba sin mayor inconveniente, como si se tratara de pasajeros ordinarios.
Pero aquello que se presentó públicamente como una operación de rescate fue, en realidad, un canje: la vida de un ciudadano privilegiado por la libertad de los secuestradores. Esto generó indignación entre organizaciones de víctimas. "Fedegán tiene razón cuando le exige al gobierno el mismo trato que dio al hermano de Gaviria para los más de 200 ganaderos secuestrados", escribió entonces el columnista Antonio Caballero de Semana. Mientras Juan Carlos Gaviria regresaba a casa, cientos de colombianos seguían desaparecidos en cautiverio, sin que el Estado hiciera algo similar por ellos.
Lo más grave es lo que revela Ernesto Samper tres décadas después. El presidente de entonces asegura que jamás fue consultado sobre la negociación real. A él le dijeron que era un simple operativo de rescate policial, pero nunca le informaron sobre el acuerdo con los secuestradores. "Si el trueque humanitario se dio, no fue autorizado por la Presidencia. En ningún momento me dijeron que fue un intercambio humanitario", afirma Samper. Lo que sí hizo fue postergar un votación sobre su absolución en el Congreso cuando Gaviria le advirtió que los secuestradores amenazaban con matar a su hermano si lo absolvían. Un acto de solidaridad que, según cuenta Samper, nunca fue reconocido por el expresidente.
Las contradicciones persisten hasta hoy. El general Serrano inicialmente dijo a los medios que él mismo había extraído a Gaviria del lugar donde estaba secuestrado, pero después declaró que solo supo dónde lo tenían porque los propios secuestradores se lo describieron. Naranjo, por su parte, reconoce que la negociación desbordata los límites de lo que la Policía tenía competencia para hacer, pero insiste en que el objetivo presidencial era evitar la muerte de Gaviria. Sin embargo, admite que "sigue habiendo un debate incluso más político que judicial, pues hay decisiones que generan dudas sobre la transparencia del caso".
El caso de Juan Carlos Gaviria se convirtió en un ejemplo de cómo en Colombia ha pesado más el estatus social y político de unos secuestrados que el de otros. Mientras esta familia contaba con contactos internacionales para negociar con el gobierno cubano, cientos de víctimas de extorsión y secuestro murieron en cautiverio sin que el Estado dispusiera los mismos recursos. Treinta años después, el país aún busca respuestas claras sobre qué sucedió realmente en junio de 1996, pero las verdades a medias siguen siendo lo único que prevalece en la historia oficial.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



