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25 años de lucha por el crédito agrícola: un sector que sigue estancado

Fuente: Periódico La Guajira

Un analista con más de dos décadas acompañando productores rurales expone la realidad del agro colombiano: después de 25 años, el país apenas cultiva el 14% de su potencial agrícola con baja productividad. Los obstáculos son claros: regulaciones excesivas, un sistema de crédito desconectado de la realidad del campo y la ausencia de políticas públicas coherentes. Mientras el mundo avanza hacia agricultura de precisión, Colombia sigue atrapada en métodos anticuados que generan pobreza rural.

Más de dos décadas recorriendo escritorios, computadores y el territorio de zonas agrícolas y ganaderas del país. Eso es lo que ha dedicado un periodista y analista del sector agropecuario colombiano a acompañar a miles de productores en su lucha casi titánica por conseguir créditos que les permitan impulsar sus proyectos. No ha sido un camino fácil ni mucho menos.

Los obstáculos son, según su experiencia, brutales y sistémicos. Menciona una regulación excesiva diseñada por la Comisión Nacional de Crédito Agropecuario, un sistema perverso de reportes en centrales de riesgo que castiga a los pequeños productores, líneas de crédito de Finagro que no entienden la variedad del campo colombiano, y la casi inexistente política pública que permita zonificar las áreas agrícolas, transferir conocimiento o fomentar el emprendimiento agroempresarial.

La conclusión es brutal: en 25 años no hemos hecho nada extraordinario. Colombia apenas cultiva 5,5 millones de hectáreas, lo que representa apenas el 14% de la frontera agrícola disponible. Y eso se hace con ineficiencia y baja productividad. Los números del café son mediocres: 830 mil hectáreas producen apenas 18,7 sacos por hectárea cuando deberían alcanzar 22. La palma de aceite rinde 14 toneladas cuando podría dar más de 22, con el agravante de que el 30% de las plantaciones está envejecida. El maíz con 590 mil hectáreas no logra sustituir las 7 millones de toneladas que importamos anualmente de Estados Unidos. El arroz produce 4,8 toneladas por hectárea cuando necesita alcanzar 7 para competir. Incluso la caña de azúcar, confinada a tres departamentos, lleva años cayendo en productividad.

El panorama es más que preocupante. Mientras el mundo avanza hacia la agricultura de precisión, con tecnología y datos que optimizan cada cosecha, Colombia sigue atrapada en métodos del pasado. El único cultivo que ha crecido de manera exponencial es la coca, lo que dice mucho de hacia dónde se orientan los esfuerzos.

La pregunta que formula el analista es incómoda pero necesaria: ¿hasta cuándo vamos a tolerar esta mediocridad? Advierte que si no rompemos este círculo vicioso, el agro colombiano seguirá siendo rezagado, incapaz de competir y de generar riqueza real para el país. Estamos, según su diagnóstico, al borde del colapso productivo. Mientras otros avanzan, nosotros sembramos pobreza. Si no actuamos, el agro será irrelevante en el comercio mundial y la seguridad alimentaria quedará en manos de importaciones.

Exige entonces que el próximo gobierno no siga administrando la pobreza rural. Propone una política agropecuaria que apueste por productividad y tecnología, expansión real de la frontera agrícola, financiamiento inclusivo que no castiguen a los pequeños, infraestructura y logística decente, educación y capacitación continua, sostenibilidad y adaptación al cambio climático, y una estrategia comercial que proteja al productor frente al dumping.

Como nota final, menciona que mientras escribía esta columna se enteró de que el gobierno pidió la renuncia de la presidenta de Finagro, no precisamente por los pésimos resultados en democratización del crédito (solo el 12,8% llegó a pequeños productores), sino por denuncias internas de presuntas irregularidades, clientelismo y politización de la entidad.

Fuente original: Periódico La Guajira

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