18 años de Operación Jaque: cuando la inteligencia militar ganó sin disparar un tiro

Hace 18 años, el 2 de julio de 2008, la inteligencia militar ejecutó una de las operaciones más audaces en la historia de Colombia: liberó a 15 personas secuestradas por las Farc en apenas 22 minutos, sin disparar un proyectil. Entre los liberados estaban Íngrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses y once uniformados. El éxito se basó en un engaño magistral: militares infiltrados se disfrazaron de cooperantes humanitarios para convencer a los jefes guerrilleros de subir a un helicóptero, momento en el cual fueron capturados.
Hace 18 años, en la madrugada del 2 de julio de 2008, sucedió algo que parecía imposible en las entrañas de la selva del Guaviare. Una operación militar silenciosa, sin explosiones ni balas, logró lo que durante años parecía un sueño: devolver la libertad a 15 personas que languidecer encadenadas en poder de las antiguas Farc. Íngrid Betancourt, quien había sido secuestrada en 2002, tres contratistas estadounidenses y once uniformados volvieron a respirar aire de libertad en apenas 22 minutos. Todo sucedió bajo la administración del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez y su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.
Para quienes estaban cautivos, la vida era un infierno constante. Desnutrición, enfermedades y cadenas alrededor del cuello eran su rutina diaria bajo el mando de Gerardo Aguilar Ramírez, alias César, y Enrique Gafas, quienes guardaban a los rehenes con órdenes brutales: si intentaban un rescate, debían ejecutarlos inmediatamente. Eso hacía imposible cualquier ataque frontal. El riesgo era demasiado alto para el Estado.
La clave llegó en 2007, cuando el subintendente Jhon Frank Pinchao logró fugarse. Sus testimonios fueron como una brújula para los servicios de inteligencia: les permitieron reconstruir las rutas de la guerrilla, cómo se comunicaban y, finalmente, dónde estaban los rehenes más valiosos para la insurgencia. Con esa información, Uribe y Santos aprobaron un plan que parecía sacado de una película de espías.
El plan era ingenioso y arriesgado. Crearon una organización humanitaria ficticia y entrenaron a comandos de élite no solo en tácticas de combate, sino en actuación. Les enseñaron lenguaje corporal, modismos internacionales, todo lo necesario para que parecieran cooperantes extranjeros auténticos frente a guerrilleros experimentados. El objetivo era convencer a alias César de que los secuestrados serían trasladados para una reunión de alto nivel con Alfonso Cano, el nuevo líder de las Farc.
La mañana del 2 de julio, el helicóptero Libertad Uno aterrizó en la espesura. Los militares, manteniendo su acto hasta el último instante, convencieron a alias César y a Enrique Gafas de subir con los quince cautivos. Adentro, la tensión era casi insoportable. Los secuestrados no sabían qué sucedía, miraban con desconfianza a esos extranjeros que de repente los sacaban de la selva. Solo cuando el helicóptero alcanzó la altura segura, los comandos inmovilizaron a los jefes guerrilleros. Fue entonces cuando uno de los oficiales pronunció palabras que cambiaron vidas: "Somos el Ejército Nacional. Están libres".
El golpe para las Farc fue demoledor. Perdieron sus principales rehenes de un solo movimiento. Personas como el capitán Juan Carlos Bermeo y el subteniente Raimundo Malagón, que llevaban más de diez años en la selva, volvieron a casa. Los estadounidenses Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves también recuperaron su libertad. Cada uno de esos 15 nombres representaba una historia de dolor que finalmente tenía un final diferente.
Con el tiempo surgieron cuestionamientos sobre ciertos detalles de la operación, pero la Operación Jaque se mantiene como el ejemplo máximo de inteligencia estratégica en Colombia. El general Freddy León Padilla, comandante de las Fuerzas Militares en ese momento, explicó que el éxito no fue solo de una operación, sino de tres que trabajaron en conjunto. La primera fue la Operación Tifón en abril de 2007, que permitió la fuga de Pinchao. La segunda fue la Operación Fénix en marzo de 2008, cuando cayó Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. Y la tercera fue la Operación Elipse en febrero de 2008, que permitió localizar a los contratistas estadounidenses en el río Apaporis. Todo fue una orquesta perfectamente coordinada.
Fuente original: El Colombiano - Colombia


